<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146</id><updated>2012-02-05T17:09:59.743-08:00</updated><title type='text'>CRONICA ROJA</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>32</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-5130768629688590625</id><published>2009-09-08T16:46:00.000-07:00</published><updated>2009-09-08T16:49:11.213-07:00</updated><title type='text'>Sale con fritas!</title><content type='html'>Tenía diecisiete años y promediaba el primer semestre de mi flamante vida lejos de la familia, un período de tiempo más que suficiente para vérmelas cara a cara con dos de los archienemigos del joven del interior devenido en estudiante universitario. Por un lado, me mataba la nostalgia. Por el otro, me estaba muriendo de hambre.&lt;br /&gt;Haciendo acopio de toda su buena voluntad y en un acto de magnánima resignación, mi muy benemérito padre decidió –instado hasta el hartazgo por su señora esposa-  tomarse el trabajo de visitarme por unos días y mitigar mi añoranza. Una vez apersonado en el diminuto cubículo que era mi departamento, y habiendo constatado que su primogénito subsistía de milagro a una dieta de puros bizcochitos y mate, el Eduardo me llevó a comer afuera...&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se impone mencionar en este punto que mi papá tiene una especie de sexto sentido para detectar los sitios donde se come abundante y barato, una suerte de instinto, de olfato. Se lo puede soltar en cualquier ciudad del mundo, sin importar lo exótico de sus costumbres o lo enrevesado de su idioma, y no les quepa la menor duda que al cabo de un par de rodeos el viejo acabará descubriendo alguna fonda donde te sirvan un búfalo al horno con guarnición, bebida y postre, todo por cinco guitas. Uno de sus secretos es no dejarse espantar por las fachadas ruinosas ni las nomenclaturas altisonantes que conjuran a la desconfianza, y es así como –con su sabia tutela- uno puede enterarse que los mejores ravioles a la bolognesa se sirven en un cuchitril olvidado de la mano de Dios y bautizado ‘La Dama y el Camionero’, en honor a sus parroquianos más asiduos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el auspicio de esta inefable sagacidad no tardamos en dar con un boliche bastante presentable, que engalanaba su frente con una pizarra donde se anunciaba la especialidad de la casa. Ocupamos una mesa pequeña, algo apartada del gentío, y mientras mi padre hojeaba la carta yo me dediqué a devorar a conciencia el contenido de la panera hasta que nos atendió el mismísimo propietario del local, que era además el mozo y el cocinero, y se hacía llamar ‘Tío Pipo’. Apuré el grisín que me impedía el habla y ordené con gesto triunfante la ‘Milanesa Mostro’, el plato insigne que se había hecho merecedor de figurar en el cartel de la entrada. Se dibujó en el rostro curtido de Pipo una media sonrisa socarrona, un gesto en el que se leía a las claras la duda taimada, la sospecha del fracaso. Lo percibió de inmediato mi viejo, y soltó un ‘¿qué pasa?’ con el mentón adelantado y los párpados a media hasta, como quién adivina un desafío y no mezquina el bulto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ‘Mire que sale grande la Mila Mostro, jefe... ¿no la quieren compartir?’- apuntó el Tío Pipo, sopesándome con la mirada.&lt;br /&gt;- ‘No, no... a mi tráigame un bifecito de lomo con ensalada’- retrucó el viejo, con confianza y sin despegar los ojos de la carta.&lt;br /&gt;- ‘Pero... mire que no la va a poder terminar a la milanesa, eh... Es así tan grande, fíjese’- y Pipo abría ostensiblemente los brazos, emulando el gesto al que suelen recurrir los pescadores a la hora de narrar sus hazañas.&lt;br /&gt;- ‘No se preocupe, que éste viene de ayuno prolongado’- y le brillaba al Eduardo el diente de oro, ese que deja asomar cuando se sabe ganador- ‘Va’ver que le limpia el plato’&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pudo resistir el desafío Don Pipo, y con la solemnidad que corresponde a todo  restaurantero honorable -la diestra en el corazón por debajo del delantal que alguna vez fue blanco- juró por todos los santos que si yo lograba la proeza de zamparme íntegramente una Milanesa Mostro me haría acreedor de una cena gratuita el día que me quedara más cómodo, sin reparar en gastos... Mi papá aceptó por mi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron unos veinte minutos antes de que el Tío Pipo me enfrentara, con exaltado histrionismo, a la rebanada de carne cubierta de pan rallado más grande sobre la que haya posado sus ojos un ser vivo, apenas visible por debajo del generoso reguero de salsa y queso derretido, y flanqueada en todas direcciones por un séquito multitudinario y crujiente de patatas fritas. Aquello no era un plato, era prácticamente un anfiteatro de loza ocupando un tercio de la mesa, una canoa de terracota con su tripulación de frituras, uno de esas barrabasadas construidas por el hombre que pueden verse desde el espacio, la octava maravilla del mundo gastronómico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidí iniciar mi ataque por el extremo norte, el más abundante. Sabía que mis fuerzas flaquearían tarde o temprano enfrentadas a tamaño oponente, de modo que mi estrategia se basó en que ambos –la Milanesa y yo- nos debilitáramos al unísono. El viejo hacía las veces de director técnico, alentándome de a ratos, llenando mi vaso cuando me notaba imposibilitado de deglutir a mis anchas, y respondiendo con altura a las estocadas sarcásticas que el Tío Pipo soltaba al pasar. Hice la primera pausa apenas después de atravesar el ecuador de ese continente de bola de lomo -como para recuperar el aliento y reorganizar la tropa- y volví a la carga cercenando a diestra y siniestra, implacable en la ingesta metódica, conservando aun las formas y los modales en ese avance de una pulgada tras otra.&lt;br /&gt;Un bocado desmedido impuso un segundo descanso, y aunque el sudor me nublaba la vista pude ver que ahí, en el fondo de ese recipiente que quería ser un plato aunque clasificaba para palangana, todavía reposaban unos cuarenta centímetros cuadrados de rebozado churrasco, y las papas casi intactas. Me fingí urgido de ir al baño para caminar algunos metros, con el doble propósito ganar algo de tiempo y brindar algún aliciente a mi tracto digestivo, y noté al pasar que el de la mesa de al lado demoraba sus duraznos con crema para ser testigo del desenlace final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El último tramo supuso un esfuerzo titánico, un espectáculo obsceno. Mascando con la boca abierta, agarrotadas las mandíbulas, desabrochados los pantalones y jadeando como un cerdo alcancé por fin la orilla opuesta de aquel islote a la napolitana. Ensayaba una suerte de festejo póstumo cuando el Tío Pipo, de pié junto a mi, reveló la presencia de un puñado de papas fritas que habían sobrevivido al atracón en un rincón apartado del plato inconmensurable. Después de eso todo ocurrió en un santiamén: mi padre, conciente de que su esforzado hijo había llegado al límite de su capacidad estomacal, ordenó de improviso una media porción de ensalada de frutas, obligando al implacable Pipo a retirarse. Aprovechando esta fugaz ausencia, y en menos de lo que canta un gallo, el viejo manoteó las papas fritas que encarnaban mi olímpico fracaso y sin detenerse a meditar en las oleosas consecuencias de su arrebato las introdujo en los bolsillos de su abrigo, al tiempo que dedicaba al tipo de la mesa de junto una mirada de súplica...&lt;br /&gt;El Tío Pipo nos extendió un vale por una cena gratis, sin disimular su asombro por lo que –según dijo- era una proeza jamás vista. Ya en el estacionamiento, mientras yo intentaba extenderme cual ballena varada en el asiento trasero del Renault 12, el Eduardo se despedía del sujeto de la mesa contigua y le agradecía  su cómplice discreción. Y mientras se encaramaba en su Scania de tres acoplados el tipo le dijo que no era nada, que el entendía... que él también tenía un hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-5130768629688590625?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/5130768629688590625/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=5130768629688590625&amp;isPopup=true' title='34 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/5130768629688590625'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/5130768629688590625'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2009/09/sale-con-fritas.html' title='Sale con fritas!'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>34</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-31821739092342195</id><published>2009-09-02T19:33:00.000-07:00</published><updated>2009-09-02T19:34:51.492-07:00</updated><title type='text'>Carta abierta a mi futuro yerno</title><content type='html'>Usted, joven, todavía no se ha enfrentado al durísimo trance de conocerme. Me atrevería a suponer -sin miedo a equivocarme- que Usted no se enfrentado aún a ningún trance, considerando la posibilidad de que todavía no haya nacido siquiera. Pero incluso así, mediando entre Usted y yo la vida misma, puedo imaginar su pavura cuando reciba de mis manos esta carta. Conjeturo su sorpresa, el rictus de su boca bajo esa débil sombra que Usted insiste en llamar bigote, el vaivén de sus ojos saltando a toda prisa de una línea a otra... y quiero presumir que retrocederá sobre sus pasos conforme avance la lectura, espantado por la idea que comienza a forjar en su pobre mente de adolescente desaforado, para concluir huyendo a todo galope y sin ninguna elegancia. No se equivoca, muchachito: el colorado rubicundo que se deshace en bufidos de ira en este preciso momento, mientras Usted devora estos párrafos, es capaz de cometer las peores atrocidades que pueda suponer con el único pretexto de saber a su hija a salvo de sus garras atroces.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al igual que Usted, de momento no tengo el gusto de conocer a mi hija. No obstante, intuyo que llegará algún día, porque nada me aterra más que criar a una niña, y tengo para mi que los dioses encuentran un especial deleite en enfrentarme a mis temores más endiablados. De más esta decir que, llegado el caso, voy amarla con una devoción de fanático religioso, y no habrá para mis ojos de viejo cansado ninguna belleza en el mundo que pueda superar a la suya. El inconveniente es que, mas tarde o mas temprano, a Usted le sucederá lo mismo, y debe comprender que eso es algo que no puede ocurrir... al menos desde mi punto de vista, que es el que impera de momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es completamente inútil que malgaste los pretextos –sean cuales fueren- de los que pudiera valerse su generación para argumentar la licitud de los amoríos púberes, de los besos robados en la penumbra, de la comunión de las almas y los corazones fundidos en un mismo molde. Soy un perro viejo, mal que me pese, y las posibilidades de convencerme con argumentos tan frágiles resultan mas bien escasas.&lt;br /&gt;Pero tampoco olvido que Usted todavía es un jovenzuelo, un imberbe puñado de hormonas que ha relegado su conciencia a los confines más inhóspitos del calzoncillo, buscando plantar la bandera de la rebeldía donde le toque en suerte. Mas temprano que tarde, o quizá en este preciso instante, las atrofias de un instinto revolucionario en ciernes podrían conducirlo a cometer la estupidez de pensar que cuenta con las herramientas necesarias para burlar mi sanguinaria vigilia. Existe la posibilidad de que su instintivo apremio por rendirse a los impulsos de la libido lo convenza de mantener vivo en la clandestinidad su inefable proyecto de revolcarse con mi hijita en algún yuyal, aun a riesgo de sufrir la amputación lisa y llana de sus virginales atributos masculinos. Pero es mi deber informarle que he quebrado algunas lanzas, y conozco las artimañas del oficio...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de este momento, donde mi hija se encuentre estaré yo, vigilando desde las sombras. Toda vez que Usted intente comunicarse telefónicamente con ella será mi aguardentosa voz la que habrá de escuchar. Toda vez que Usted intente el movimiento clásico de fingirse amigo de su mejor amiga para que ésta lo ayude a arrimar el bochín se encontrará con que yo la he sobornado previamente, instruyéndola para que haga todo lo contrario a cambio de un módico estipendio. Muchachotes de fiera apariencia con pasados tumultuosos y abultado prontuario se encargarán de que Usted mantenga los pantalones en su lugar siempre que la intimidad bullanguera de los reductos bailables le provean una excusa para encontrarse con mi hija, y apenas me costará un par de cervezas y algunos atados de cigarrillos. Me disfrazaré de pochoclero los domingos de feria, de portero de escuela, de gigantesca rebanada de pizza publicitaria, todo con tal de mantenerlo en mi línea de tiro, hasta que la certeza presagiosa de mi presencia acabe por obsesionarlo, invadiendo cada rincón de su vida, inundándolo con un terror supersticioso. Estaré en el silbido del viento, en el ladrido de los perros, en los pasos anónimos que se adivinan a retaguardia, en la quietud lacia de las siestas y en laberinto de sus sueños, hasta que el precio a pagar por un revolcón con mi nena sea el de su propia cordura...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De modo que, si aprecia en algo su integridad física y psicológica, le conviene seguir este consejo: desista. Renuncie de inmediato a sus fantasías de estrenar el listado de sus amores de ocasión con el nombre de mi hija y vaya a golpear otras puertas, que si hay algo que sobra son peces en el río con padres descuidados. Pero no se aflija, joven. No pierda las esperanzas. Si en el transcurso de veinte años Usted se presenta en esta casa prolijamente afeitado, vistiendo como conviene a una persona civilizada, ungido con un título universitario que venga a garantizar el futuro que mi niña merece, y se cuadra con sumisión frente a este anciano flamígero, existe la remotísima pero cierta posibilidad de que le convide un café y pretenda oírlo antes de ordenar a mis feroces mastines que lo guíen a la salida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;NOTA: si fallezco antes de que Leia (que habrá de ser el nombre de mi hija, salvo que la Pitu se oponga) cumpla trece años, es el deber de mis familiares y amigos (suponiendo que mi hijo varón, Luke, sea aun demasiado joven para encargarse de la faena) entregar esta carta al primer gañan que intente robar su inocencia. Si algo les impidiera hacerlo y el truhán lograra sus pérfido objetivos, los conmino a cobrar venganza con toda la crueldad que puedan sonsacar del rincón más oscuro y sádico de sus imaginaciones. Mi agradecimiento será eterno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-31821739092342195?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/31821739092342195/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=31821739092342195&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/31821739092342195'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/31821739092342195'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2009/09/carta-abierta-mi-futuro-yerno.html' title='Carta abierta a mi futuro yerno'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-4162233306142012531</id><published>2009-08-28T17:06:00.000-07:00</published><updated>2009-08-28T17:07:07.585-07:00</updated><title type='text'>Uno que labura...</title><content type='html'>... se sobresalta con el pitido estridente del despertador, lanzando manotazos erráticos mientras hace el esfuerzo de convencerse que si, que es lunes, que lo que ruge allá afuera es la lluvia y los camiones bocinantes que no lo dejaron pegar un ojo hasta bien entrada la madrugada, que no obstante el impulso instintivo de enroscarse en la frazada dejándose acucharar por ella abrigadora, ella ronroneante de piernas desnudas que entrelazan y encadenan, ella embalsamada de almizcle, ella de la piel de seda y el aliento de cachorro... no obstante ella, y el gélido contraste entre el adentro y el afuera, y el velocísimo proyecto de fingir los síntomas de un fulminante mal que lo exonere del yugo, uno que trabaja se pone de pié en un solo salto, se viste de memoria y –con el humor todavía invicto- le ofrece a los dioses su otra mejilla barbuda. &lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero los dioses jamás dejan pasar la oportunidad de que uno se sienta todavía más miserable, y de repente el tipo que labura descubre que se quedó medio dormido, que es peor que quedarse dormido del todo y madrugarse a las doce del mediodía, experimentar diez minutos de culpa y dedicarse de lleno a no hacer absolutamente nada hasta nuevo aviso, porque quedarse medio dormido lo obliga a uno a apurar un café y lavarse los dientes casi al mismo tiempo, los ojos legañosos e inflamadas las facciones, postergando las ganas de vaciar los esfínteres a conciencia y fingiendo seguir de cerca la descripción minuciosa que ella hace de un sueño en el que abundan personajes inéditos y se suceden acciones capaces de mitigar cualquier entusiasmo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allá afuera la tormenta arrecia, y el que la yuga se maldice a si mismo y en diferido por haber desperdiciado las infinitas oportunidades de comprarse un paraguas, se levanta el cuello de una campera obsoleta, un refugio irrelevante frente al muro líquido contra el que habrá de chocarse, y sale a la calle debatiéndose entre el arrojo heroico y la resignación bobina, respirando hondo para sobrellevar la ironía de que las ocho cuadras a pié que lo separan de la oficina ayer eran motivo de orgullo, y hoy se convierten en miseria y desconsuelo. Bastarán apenas dos metros para pisar la primera de muchas baldosas flojas sembradas en el camino aciago del esforzado jornalero, con sus escupitajos lodosos que vienen a completar la labor empapadora del temporal, del aguacero apocalíptico que se bate en retirada en ese preciso momento, como si su único propósito hubiera sido calar hasta los huesos al infeliz laburante que aprieta el paso, que no quiere perder el presentismo, que inventa insultos nuevos con que saludar al solazo flamígero que ocupa su sitio en un cielo ahora desnudo de cirros y cúmulos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se inunda de luz el mundo inundado, y uno que labura se detiene frente a un espejo de agua que está a mitad de camino entre el charco y la laguna, intentando localizar un vado que le permita alcanzar la otra orilla, cuando el más desalmado de los automovilistas se atraviesa raudo en su camino engendrando un tsunami en pequeña escala cuya trayectoria coincide trágicamente con la localización exacta del miserable asalariado, que se descubre sorprendentemente fecundo e imaginativo a la hora de componer agravios con que celebrar la memoria de la madre del conductor atroz, de la sabandija sonriente al volante de un rodado de último modelo, del junagransiete en mangas de camisa que se aleja impertérrito, fragante de éxito y perfumes importados, sudando como chancho con chaleco ante el embate de la calefacción central.&lt;br /&gt;Ya puesto a vilipendiar a mansalva, el que la rema y la rema para arrimar unos fideos a la olla no encuentra como detenerse, y mientras aprieta los cantos para ganar velocidad en el lodazal infecto que es la vereda se las toma con todo y con todos, mascullando oprobios en contra de los las ancianas que barren la vereda pudiendo quedarse en la cama hasta el medio día, las cuarentonas inmorales que escogen hacer jogging en lugar de languidecer entre mates y bizcochos, los apostatas del holgazaneo que madrugan con el solo objetivo de pasear al perro, y hasta con los mismísimos perros, que prefieren retozar babeantes en el cenagal que dejó la lluvia en vez de dormitar abrigados al pié del calefactor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, uno que labura consigue llegar al cadalso diario de la oficina con el orgullo de saberse prácticamente un titán, un ejemplo a seguir por todos los vagos inmundos que hilvanaron alguna excusa patética con la que justificar la falta de principios que los ató a la cama, y eso basta para olvidar el frío cortante que astilla los huesos, el trajinar humillante pleno de vicisitudes húmedas, la desazón de saber que lo aguarda una jornada de nueve horas enfundado en esas vestiduras chorreantes. Fantasea el laburante con la sorpresa pintada en el rostro escéptico de un jefe que ya lo tildaba de ausente, y apura el picaporte... y es entonces cuando uno que labura hace sus cuentas, y se reconoce boludo, mojado, madrugador al pedo y cagado de frío, forzando una puerta cerrada a cal y canto en la madrugada tormentosa de un primero de mayo que cayó lunes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-4162233306142012531?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/4162233306142012531/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=4162233306142012531&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/4162233306142012531'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/4162233306142012531'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2009/08/uno-que-labura.html' title='Uno que labura...'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-653263772983364605</id><published>2009-08-22T16:05:00.000-07:00</published><updated>2009-08-22T16:06:20.313-07:00</updated><title type='text'>Ticking away...</title><content type='html'>Allá lejos y hace tiempo -en mis años mozos- yo supe ser un tipo sociable, de esos que se te aparecen de improviso en el teléfono preguntando que cómo estás, que tanto tiempo sin vernos, que a ver cuando nos juntamos. Parece mentira, pero había una vez un yo que salía de caravana y –en calidad de colado- bailaba el vals con quinceañeras ignotas, que se iba de campamento con los compañeros de curso el día del estudiante, que cerraba los bares al grito de ‘la seguimos en mi casa’, aun a riesgo de desayunarse con dos amigos durmiendo en el sillón, otro en la alfombra, y una completa desconocida en la cama de mi hermano, acurrucada contra el pecho de la profesora de Lenguaje Visual. Así como me ven, encerrado a cal y canto en los confines mismos del barrio El Mondongo, hubo una época que me conoció fiestero, trasnochador y calavera.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía éramos un puñado virginal de mocosos impúberes y granulientos cuando mis amigos y yo comenzamos a adentrarnos en los oscuros vericuetos de la noche trevelinense, tan vacía de contenidos que obligaba –y lo sigue haciendo- a forzar los límites de la imaginación. Quizá a partir de alguna críptica conjura tanto mis padres como los de mis compinches coincidían en darnos solo cinco pesos para financiar nuestros desafueros sabatinos, no dejándonos otra opción que recurrir a las más ruines estratagemas con que sostener la parranda hasta la madrugada. Era tal nuestro ímpetu que llegamos al extremo de apersonarnos en la puerta del boliche de turno a las siete de la tarde, y ofrecimos el honor y nuestros servicios de lavacopas, changarines o barrenderos a condición de que se tolerara nuestra estadía durante el transcurso de la noche. A veces, no quedándonos otra opción, llegamos al punto de trabajar por dinero: Lavamos coches, vendimos revistas, subyugamos pastizales foráneos, cavamos zanjas, oficiamos de cocineros, todo con tal de reventarnos como dios ordena tres días a la semana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me vine a estudiar a La Plata, y el panorama se vio drásticamente modificado. El estigma de ser el hijo mayor -conejillo de indias que padece las primeras experiencias de la paternidad- dio un vuelco, porque de buenas a primeras me convertí en el hijito que se va lejos a estudiar, pobre creatoríta, y mis progenitores quisieron hundir sus temores de lejanía y vulnerabilidad otorgándome una tarjeta de débito que accedía directamente a la cuenta del Eduardo, al sueldo de mi padre... las joyas de la familia. Fue éste un período de desacatez galopante, fechorías inenarrables e improvisado dandismo que se justificaba en la adquisición de inexistentes vituallas, el fotocopiado de libros jamás escritos y las visitas a exposiciones de artistas imprescindibles cuyos nombres exhumaba de la guía telefónica. Pero esto apenas fue mi Período Rococó... el Barroco vendría después...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Pitu y yo nos conocimos, nos embelesamos el uno al otro y terminamos convertidos en feliz pareja en el transcurso de unas feroces parrandas que nos contaron entre sus convidados, y ese fue el tono que imperó en los primeros años de nuestra relación. No hubo ceremonia, convite, festejo o agasajo donde no dijéramos presente con fanática predisposición al bailoteo, alegremente beodos y con la arrogancia endiosada que cuadra a los que se han juramentado en el amor. Las tertulias en ‘La Covacha’ -el departamento que mi novia compartía con dos amigas de la infancia- se sucedían con puntualidad castrense, ganando en adeptos y desenlaces anecdóticos de un sábado a otro. Lo que empezó como unas tímidas reuniones en las que se jugaba al truco y se vaciaban algunas botellas acabó convirtiéndose en un zafarrancho de combate, con fuentones de sangría hábilmente distribuidos en las habitaciones, el living devenido en pista de baile, una mesa de ruleta y los interminables exordios de la administradora del consorcio martillándonos las sienes en la mañana siguiente.&lt;br /&gt;Pero el peso de los años socavó paulatinamente nuestra euforia juvenil, las múltiples responsabilidades contraídas erosionaron con sutil y porfiada constancia el espíritu aventurero y rebelde de los primeros veranos, hasta que la montaña con toboganes de agua que era nuestra vida acabó deviniendo en un sosegado valle en que –muy de tanto en tanto- se puede adivinar alguna elevación tímida, algún chisporroteo vago que resurge entre las cenizas de un pasado flamígero. Las caravanas del sábado por la noche y el dios dirá fueron reemplazadas por alguna que otra maratón de películas con helado, los dos acurrucados en el sillón y batallando contra el sueño. Divertimentos tales como el ‘todito’, el ‘barquito cubano’ o el inolvidable ‘un limón, medio limón...’ constituyen apenas una anécdota incierta, un retazo de evocación apócrifa. En un rincón de mi memoria guardo el puñado de excusas que habré de esgrimir si el repiqueteo del teléfono llegara a ultrajar mi empantuflada quietud, mi jazzistico sosiego, el lánguido trashumar de un libro a otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribo esto un viernes por la tarde. Allá, afuera, los presagios de una primavera en ciernes invitan al asado, al descorche anárquico, a desempolvar las guitarras para desafinar a coro con los amigos... Escribo esto un viernes por la tarde, encerrado en los confines mismos del barrio El Mondongo de La Plata. Y puedo sentir, mientras escribo, como mis pantalones suben lentamente y las arrugas tejen surcos en mi rostro.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-653263772983364605?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/653263772983364605/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=653263772983364605&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/653263772983364605'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/653263772983364605'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2009/08/ticking-away.html' title='Ticking away...'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-7736317778398714302</id><published>2009-08-16T12:37:00.000-07:00</published><updated>2009-08-18T08:31:51.520-07:00</updated><title type='text'>Panóptico</title><content type='html'>El lector citadino no dará crédito a mis palabras, pero la verdad es que en los pueblos pequeños no suelen encontrarse cines, teatros o confiterías. Brillan por su ausencia las bibliotecas, las casas de lenocinio, los espectáculos deportivos y la Internet de banda ancha, con lo que las alternativas a la hora de buscar algún entretenimiento se ven drásticamente disminuidas. Forzados por estas adversas circunstancias, los habitantes de estas diminutas poblaciones apenas consiguen sobrellevar el tedio que se sucede entre uno y otro año nuevo. Es así que, a falta de algo mejor que hacer, los que viven en estos pueblos pequeños de los que les he estado hablando suelen dedicar sus vidas a indagar en las vidas del prójimo.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay que establecer, no obstante, que la gran mayoría de estos fisgones vocacionales son apenas amateurs, entregados al toma y daca del chusmerío de cabotaje por el simple ejercicio de una tradición atávica que les vino de herencia. Pero están los otros, los compulsivos, los sedientos de información que matan las horas apostados en la ventana con el termo abajo del brazo, vigilantes insomnes de la existencia ajena, los que dedican sus noches a merodear con el auto a la caza de alguna novedad que justifique sus desvelos, esos que persiguen indiscriminadamente y en pijamas a la primer sirena que mancille sus sueños -sea ambulancia, patrullero o camión de bomberos- para asistir a la tragedia en primera fila, y para narrarla luego enfatizando los detalles escabrosos. Son estos sujetos, verdaderos cultores del espionaje, los que transgreden las fronteras del mero entretenimiento para convertir al sano hábito de la indiscreción en un motivo de paranoia generalizada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lector citadino no dará crédito a mis palabras, pero la verdad es que en los pueblos pequeños la gente tiene más miedo de lo que puedan decir de ellos que de la peste, y un rumor puede arruinarle la vida a cualquiera, o modificar los hábitos más arraigados. Forzados por estas adversas circunstancias, los habitantes de estas diminutas poblaciones no tienen otra alternativa que viajar a la localidad más cercana para aprovisionarse de licores, analgésicos y preservativos, hacerse la manicura o revolcarse a destajo en la pecaminosa concupiscencia de un amor clandestino. Cuesta creerlo, es cierto, pero la gente de pueblo chico no toma ninguna decisión, por mínima que sea, sin sopesar de antemano la avalancha de comentarios foráneos que ésta habrá de suscitar, y es terriblemente difícil escapar de ellos. Para muestra basta un botón… pero yo tengo dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primera: Cuando El Teto, mi hermano menor, era un adolescente desacatado y anárquico (más o menos igual que ahora, pero con más granos y menos veranos a cuestas) concibió junto a sus compinches la genial idea de pintarrajear algunas paredes de nuestro pueblo. El contenido soez y vulgar de dichas leyendas dio pié a todo tipo de conjeturas acerca de los autores materiales del hecho y se hizo merecedor de largas diatribas por parte de los locutores de las radios locales, pero la cuestión quedo zanjada cuando uno reconoció en las pintadas la caligrafía vacilante de mi escasamente alfabetizado hermano. Y cuando digo ‘uno’ no me refiero a un perito calígrafo, sino a un fulano cualquiera que registró en su memoria el hecho de que el Teto empieza a dibujar las letras desde abajo, a contramano de la gente normal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Segunda: Podría decirse que, si uno se aleja de la cotidianeidad pueblerina durante un tiempo respetable, el reencuentro con ciertos comportamientos que antes resultaban frecuentes se nos antoja novedoso e incluso sorprendente. De tal suerte, sucedió que algunos de mis amigos y yo –hijos pródigos que volvíamos al terruño luego de un año de trajín universitario- nos quedamos atónitos ante ese teje y maneje de informaciones quiméricas que antes era cosa de todos los días, y a modo de experimento antropológico decidimos echar a rodar un chisme falso a fin de medir la onda expansiva, y les sugerimos a algunos popes del corre-ve-y-dile que el recolector de residuos acostumbraba hurgar en las bolsas de basura en busca de indicios esclarecedores que revelaran las vergüenzas de todos y cada uno de los trevelinenses, para desperdigarlas luego a los cuatro vientos (si, en mi pueblo alcanza con una sola persona para rejuntar la mugre de todos los demás).&lt;br /&gt;Para el primero de enero del año siguiente descubrimos que más de la mitad de los habitantes del pueblo –incluyendo a mi padre- preferían trasladar por su cuenta, desde sus casas hasta el mismísimo deposito de desperdicios, las botellas vaciadas en la víspera. El objetivo era evitar que se cuele el rumor de sus gestas etílicas durante los festejos de año nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bonus Track: Cuenta la leyenda que durante una recorrida nocturna de sábado por la noche, cierto oficial de policía de Trevelin se topó con el vehículo de cierto afamado gigoló local. La estratégica ubicación geográfica del rodado sumada al bamboleo propio de la lid amatoria contribuyeron a acicatear la curiosidad del uniformado, que no pudo contener el impulso de apuntar su linterna al interior del automovil con el oscuro propósito de revelar la identidad de la mujerzuela de turno para carcajearse luego –entre mate y mate- con sus colegas vigilantes. Y dicen que fue tan grande y humillante su sorpresa que terminó huyendo del lugar sin decir esta boca es mía justo cuando el haz de luz lo enfrentó al orgásmico rictus de su propia hija. Para el sábado siguiente, el mentado casanova se reía a mandíbula batiente del polizonte abochornado que había aparecido de buenas a primeras en la comisaría, suplicando por un traslado que lo sacara inmediatamente del pueblo.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-7736317778398714302?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/7736317778398714302/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=7736317778398714302&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/7736317778398714302'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/7736317778398714302'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2009/08/panoptico.html' title='Panóptico'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-6755893163921656721</id><published>2009-08-10T16:46:00.000-07:00</published><updated>2009-08-10T16:47:41.671-07:00</updated><title type='text'>Hay Códigos!</title><content type='html'>Es un error común en los jóvenes del interior que se radican en la ciudad de La Plata a fin de cursar sus estudios universitarios el creer que, mediando una distancia conveniente entre ellos y la cruel tiranía de sus progenitores, se encuentran por fin en libertad de abandonarse a sus más descabellados, anárquicos, noctívagos, etílicos y hasta me atrevería a decir orgiásticos anhelos festivos. Nada más alejado de la realidad, porque en este mundo de reglas e imposiciones, en esta sociedad sustentada por un conjunto de normas tendientes a fortaleces las relaciones y el equilibrio simbiótico, las tropelías estudiantiles también se encuentran sistematizadas por un atávico compendio de cánones conductuales conocido como ‘El Estatuto’.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco o nada se conoce acerca de los orígenes de El Estatuto, aunque se presume que su nacimiento coincide con el de la Universidad Nacional de La Plata y con el arribo de los primeros estudiantes foráneos. Aparentemente, lo que comenzó como un puñado de legislaciones tácitas circulando de boca en boca devino en un grueso volumen de hojas amarillentas, una mezcolanza de caligrafías y grafismos que venían a detallar minuciosamente el accionar ante determinadas situaciones comunes al disoluto estilo de vida del estudiantado. Por desgracia, El Estatuto no escapó del destino fatídico que suele reservarse a todos los documentos invaluables, y buena parte de su contenido se redujo a cenizas durante el incendio histórico del Teatro Nacional, en cuyos sótanos se encontraba temporalmente oculto de las miradas indiscretas. Lo que sigue es apenas un extracto, un vestigio superviviente de esta magnífica obra colectiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Art. 33 (De los envases): Todo aquel estudiante que se presente a un festejo portando una o mas cervezas en envases retornables deberá renunciar a la potestad de los mismos, que pasarán inmediatamente a formar parte del patrimonio del anfitrión. La única alternativa para recuperarlos es organizar una tertulia similar en su propio departamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Art. 57 (De los sobrantes de bebidas): Siempre que, habiéndose dada por finalizada una festividad doméstica, se encontraran los viandantes ante el hecho poco habitual de haberse agenciado más bebidas de las que han sido capaces de consumir, el dueño del departamento donde se llevó a cabo la jarana asume inmediatamente la custodia del remanente, quedando en libertad de decidir si habrá de aportarlo en el próximo evento social, o si prefiere convertirlo en la piedra fundacional de –pongamos por caso- el festejo de su cumpleaños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Art. 122 (Sobre las limitaciones a la propiedad privada): Cualquier excentricidad gastronómica remitida a un estudiante en el interior de una encomienda deberá ser inmediatamente declarada y compartida con el círculo íntimo de sus amistades, así se trate de un paquete de galletitas de agua y unas latas de jamón del diablo, o de un taper colmado de milanesas de pollo artesanales. El ocultamiento de tales envíos será castigado con el escarnio público y toda suerte de apodos chuscos.&lt;br /&gt;Adenda al Art. 122: Tampoco es lícito dejar de recibir a los amigos cuando la madre de algún estudiante se encuentre de visita, y mucho menos si la señora mamá se destaca en las labores culinarias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Art. 371 (Sobre la multiplicación de los panes): Donde comen dos estudiantes también comen tres, o cinco, o diez. De tal suerte, queda estrictamente prohibido dejar afuera de una cena a los compañeros relegados que se aparezcan de improviso y a último momento. Como paliativo salomónico, los últimos en llegar deberán aportar tantos paquetes de fideos, arroz o polenta como sean necesarios para que el guiso alcance para todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Art. 579 (De los estamentos jerárquicos): El locatario del departamento en el que se desarrolla el jolgorio tiene el derecho divino e inalienable de utilizar el mejor y más voluminoso cáliz disponible para escanciar su bebida. El resto de los convidados tendrán que conformarse con el vaso que les toque en suerte según el orden de llegada, correspondiéndole a los últimos en arribar y a los amigos del amigo de un amigo la utilización de tazas, cuencos, escudillas y eventuales floreros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Art. 754 (Sobre la hospitalidad regia): El estudiante que se vea imposibilitado de retornar a su morada luego de una fiesta –sea por el motivo que fuera- y acepte la hospitalidad del anfitrión, contrae inmediatamente la obligación moral de colaborar con la limpieza al día siguiente. Por su parte, el anfitrión debe suministrar alimentos y analgésicos a su huésped hasta la caída del sol, evento astronómico que habilita al dueño de casa a desalojar al parásito que le acapara el sillón con los métodos de persuasión que considere convenientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Art. 888 (De los esfuerzos mancomunados): Siempre que un convite se prolongue más allá de lo esperado, agotándose las reservas de elíxires dionisíacos, se procederá a solicitar un aporte monetario personalizado cuyo monto variará según las posibilidades económicas de cada interpelado. En tales casos, cualquier atisbo de tacañería acreditará un castigo que puede ir del abucheo popular a la manteada lisa y llana. Solo se exime de colaborar a las mujeres hermosas y al guitarrero de turno, por constituir ambos el andamiaje de toda reunión animada.&lt;br /&gt;Adenda al Art. 888: También se excusará de participar de la vaca al dueño del departamento en el que se desarrolla la conga, siempre que esta se descarrile lo suficiente como para prever consecuencias nefastas que afecten al patrimonio material del locatario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Art. 1022 (Sobre el apoyo académico): Todo estudiante hecho y derecho debe tomar nota del número de legajo de sus compañeros, a fin de dar el presente en su nombre siempre que estos se vean imposibilitados de apersonarse en la cursada.&lt;br /&gt;   &lt;br /&gt;Art. 1234 (De los rituales atávicos): Las únicas excusas válidas para dejar de asistir a un compañero que atraviesa el trance de mudarse o de pintar el departamento son la inminencia de un final, una fractura expuesta de tibia y peroné, o que se haya concertado una cita con una persona del sexo opuesto justo en la misma fecha del evento mudanza / pintada. Si el caso fuera este último, solo se revestirá de validez en el caso de que la entrevista se haya programado con anterioridad a la notificación del mencionado evento, y que el implicado tenga al menos un 70% de probabilidades de éxito. Por otra parte, el estudiante que se muda / pinta su departamento se obligará a compensar el esfuerzo de sus camaradas corriendo con los gastos de las primeras seis cervezas, o su equivalente en fernet.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Art. 1470 (Sobre la libertad de expresión): En toda reunión extracurricular, solo es lícito mantener una conversación relacionada con cuestiones académicas durante más de quince minutos cuando la totalidad de los presentes cursan la misma carrera, o en el caso poco probable de que el parloteo facultativo forme parte de una estratagema para atraer al sexo opuesto.&lt;br /&gt;Adenda al Art. 1470: Si cualquier estudiante obtiene cualquier tipo de atención amorosa por parte de una persona del sexo opuesto basando su estrategia en un charla cimentada en asuntos universitarios, se convertirá en un inmediato merecedor de las más sinceras muestras de admiración por parte de sus camaradas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-6755893163921656721?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/6755893163921656721/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=6755893163921656721&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/6755893163921656721'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/6755893163921656721'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2009/08/hay-codigos.html' title='Hay Códigos!'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-2013832751410802998</id><published>2008-09-26T15:19:00.000-07:00</published><updated>2008-09-26T15:24:03.478-07:00</updated><title type='text'>Refutación del averno</title><content type='html'>Es probable que, de todas las bromas que nos gastan los dioses, la muerte sea la mayor de todas. Dar vida a un ser y otorgarle el raciocinio suficiente como para reconocerse mortal -todo al mismo tiempo- no puede ser otra cosa que una picardía, o un abuso de autoridad. Y es que transitar el mundo con la certeza constante de que en el momento menos pensado se puede pasar a mejor vida –o a peor vida… ¡o a ninguna vida!- resulta cuando menos aterrador. La espada de Damocles, una por cabeza.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las reacciones son muchas, pero hay dos que se distinguen, por contradictorias y fundamentalistas: están los que se aferran a la vida con vehemencia hipocondríaca, por un lado, y por otro los que eligen dejar constancia de su paso con grandes obras, que hablen de ellos cuando ya no estén. Para el primer caso sobran ejemplos en estos tiempos de longevidades sintéticas y juventudes de quirófano, en tanto que cada vez son menos los que valgan para ilustrar el segundo… aunque siempre nos quedará Aquiles, el de los pies ligeros, que se decidió por una muerte temprana para que su nombre despertara ecos en la eternidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, como las personas con un acerbo de capital o coraje que les permita situarse entre estos dos extremos resultan ser más bien escasas, la gran mayoría se ha visto siempre impelida a adherir a la solución de manual que aportan la mayoría de las religiones. Esto es: morir supone la deportación inmediata al más apacible de los paraísos, o al más infecto de los infiernos, según convenga al grado de execración del occiso. (‘El miedo a la muerte es la única fuente de las religiones’, en palabras del dramaturgo belga Maurice Maeterlinck).&lt;br /&gt;Así, cada dogma religioso de cierta envergadura se ha tomado el trabajo de montar toda una escenografía metafísica en torno a sus infiernos y sus paraísos, con el objeto de dar a este último la fisonomía inequívoca de sitio abominable, y que el primero se torne más seductor en proporción directa. Un devenir post mortem un tanto maniqueo, si nos detenemos en el detalle de que cada uno de nosotros habremos de cultivar una opinión única y válida de lo que pudiera resultar paradisíaco o infernal. Es menester entonces hacerse a la idea de que debieran de existir tantos avernos y tantos edenes como difuntos compendie la historia de la humanidad, al menos para salvar el inconveniente de que los sadomasoquistas se reconozcan benditos con cada flagelo demoníaco, y los probos festivos languidezcan tañendo el arpa entre celajes níveos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adhiriendo a esta idea peregrina, intuyo que en mi infierno personal debieran de pulular los mimos, las viejas que se cuelan en la cola, los clientes que piden un quincuagésimo boceto, los kioscos que cierran antes de las ocho de la noche, los fulanos que cuentan chistes de judíos y te obligan a forzar una sonrisa, las computadoras lentas, los desperfectos mecánicos, las resacas de miércoles, los taxistas que opinan de todo y de todos prescindiendo de la letra ‘s’, los trámites de la Obra Social.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podrían estar ausentes, en este averno hecho a mi imagen y semejanza, los tipos que se paran con el vasito en la mano a darte instrucciones cuando hacés el asado, los colectivos con retraso, los feriados que caen domingo y los sábados lluviosos en Noviembre, el mate frío, las jóvenes hermosas que se meten a monja, la chica que dice que se llama Fulana y me llama para ofertarme un nuevo teléfono que no necesito ni quiero ni puedo pagar. Sería menester que hubiera al menos un obcecado que opine que con los militares esto no ocurriría, un síndico que insista en llamarme ‘compañero’, dos o tres viejas pacatas tomando el té con masitas y comentando lo mal que está el mundo, miles de semejantes hambreados revisando mi basura, una organización criminal que vista de azul marino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tártaro que me aguarda se tiñe de grises, tiene el insoportable aroma de lo que ya no volverá a ser jamás, y en el repertorio de su música de ambiente hormiguean los clásicos de la década del ochenta. Allí se dan cita Paulo Cohelo, Juana De Ibarborou y Antoine Saint Exoupéry, los tres recitando a coro un empalagoso poema de Becquer, ofreciéndome mates dulces y fríos o cerveza tibia, instigándome a culminar  mis estudios de una vez por todas.&lt;br /&gt;En ese lóbrego sitio se sirven salchichas en lugar de cena, y se barren los pisos, alfombrados de pelajes variopintos, solo una vez a la semana. Hay colgajos de telas de arañas, agendas transgredidas, improntas de huellas en los suelos recién encerados, llamadas imprevistas de números desconocidos, medias con bubones,  guitarras desafinadas, amigos que te caen de sorpresa el domingo a las nueve de la noche, mi madre apuntando que soy igual que mi padre, mi novia impidiéndome fumar a mis anchas, la Neera con claustrofobia a las tres de la mañana, el último vaso de fernet derramándose sobre unos pantalones recién planchados, un manojo de facturas a pagar acaparando los imanes de la heladera….&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(El autor de esta crónica, llegado el punto máximo de su tolerancia psíquica, ha optado por darse una ducha fría. Sepan disculpar las molestias)&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-2013832751410802998?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/2013832751410802998/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=2013832751410802998&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/2013832751410802998'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/2013832751410802998'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2008/09/refutacin-del-averno.html' title='Refutación del averno'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-6748520544317200840</id><published>2008-09-15T15:34:00.000-07:00</published><updated>2008-09-15T15:36:39.233-07:00</updated><title type='text'>Hay que vivir como el culo para morirse sano</title><content type='html'>Si se presta atención a los últimos descubrimientos en el campo de la medicina, a los consejos para lograr una existencia espiritualmente saludable -compendiados por un centenar de gurús autoproclamados-, y al bombardeo publicitario orientado a la venta de productos de higiene doméstica, resulta imposible comprender como la humanidad ha logrado sobrevivir durante más de 400.000 años. Mirándolo de cerca, uno podría llegar a pensar que los 6.398.000.000 de personas que habitan la tierra están donde están por pura casualidad.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada semana los noticieros nos ponen al corriente de algún nuevo descubrimiento médico, hallazgos que pueden parecer insignificantes en comparación con –pongamos por caso- los avances en la búsqueda de una cura definitiva para el cáncer de próstata, pero no por ello resultan menos sorprendentes. De este modo nos hemos ido enterando que es condición sine qua non para permanecer vivos por más tiempo el consumo diario de una copa de vino, dos litros de agua, una aspirina para prevenir infartos, leche materna (si es usted un lactante), una naranja para sumar vitaminas, una banana para mantener los niveles de potasio, varias nueces para prevenir la diabetes, y hasta se ha recomendado la ingesta de gorgojos como paliativo a un sinnúmero de padecimientos.  Pero además nos informan que es menester evitar el sedentarismo, mantener regularmente relaciones sexuales seguras, cuidar la higiene personal, decirle no al tabaco y al alcohol y a las drogas, hacerse un chequeo médico por mes, y obviar terminantemente el consumo excesivo de sal, carnes rojas, harinas, azúcar y café, entre otras cosas.&lt;br /&gt;Resulta imposible comprender, considerando estos datos, que un azteca del siglo quince haya alcanzado siquiera la edad adulta. ¿Cómo se explica que los antiguos hunos -criados a leche de yegua y carne de potro- lograran no solo sobrevivir, sino también conquistar la mitad del mundo conocido? ¿Qué sorprendente artificio le permitió a los gauchos argentinos alcanzar la vejez después de tantos años de dormir a la intemperie, entreverados con una jauría de perros pulguientos, y mascando carne seca y salada de vacas cimarronas?... y es mejor ahorrarse la referencia al pueblo asiático de ayer y hoy –argumento sin duda tajante- para no herir las susceptibilidades de los que viven a la caza de cualquier indicio de discriminación solapada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la consternación ante las evidencias físicas –empíricas e irrefutables- de que nuestras vidas penden de un hilo, hay que añadir la acechanza microscópica de miles de agentes patógenos que aguardan un instante de distracción para colarse en nuestros organismos y ponerlos en jaque. No basta, señora, con que le afloje a los postres y al pernod para llegar a ver a sus nietos, ni con clavarse un actimel cada mañana. Nuestro entorno está plagado de criaturas malévolas que solo pueden detectarse mediante el uso de un complejo sistema de magnificación de imágenes, o prestando atención a las propagandas televisivas de algunos productos de limpieza. Se recomienda desinfectar a conciencia los pisos, los utensilios de cocina, las alfombras, cortinas y sábanas, e incluso a los seres vivos, valiéndose para ello de productos tan fulminantes como costosos. Hay que cepillarse los dientes después de cada comida y usar enjuagues bucales, jabones hipoalergénicos, champús anticaspa, y toda suerte de menjunjes y pócimas para salvaguardar la integridad de los infantes, sin crearles un trauma de por vida ante la prohibición de andarse revolcando por la mugre como unos salvajes.&lt;br /&gt;En consecuencia, todo indicaría que a las indómitas huestes aborígenes que poblaron nuestras pampas no las habría extinguido el avance sanguinario de las tropas del General Roca, sino más bien un brote de escherichia coli, resultado de su falta de información en cuestiones de salubridad. Y un grupo de historiadores europeos de derecha insisten en que el vaciamiento poblacional del África entre los siglos XV y XVIII encontraría su origen ‘en la reprobable costumbre de aquellas gentes de ingerir vegetales sin haberlos lavado previamente’, y no en las constantes incursiones de traficantes de esclavos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero se conoce que el cuerpo es apenas un envase para contener el alma, el espíritu, ese algo inmaterial cuya definición última y verdadera alimenta un debate perpetuo entre filósofos y psicólogos, hombres de ciencias y hombres de fe, costumbristas atávicos y potenciales taxistas, devenidos en gurús oraculares que publican libros de aforismos. Son estos últimos, preclaros exponentes del sincretismo  religioso, los encargados de proporcionar al vulgo las herramientas necesarias para hacer de la vejez un estado del cuerpo, mas no del alma.&lt;br /&gt;Resulta increíble que ciertas culturas antiguas hayan logrado sobrevivir durante milenios en completa ignorancia de conceptos fundamentales para la preservación de la vida, como el biorritmo, los campos energéticos, el aura, el Feng Shui, la reflexología o el Reiki. Sorprende significativamente que la población de muchas tribus amazónicas, que hasta el día de hoy practican la caza y la recolección como método de subsistencia, entiendan que es posible se felices y combatir el estrés aún cuando adolecen de sahumerios de pachuli, clases de yoga y llamadores de ángeles. Eruditos de la cábala y literatos de la talla de Paulo Cohelo han manifestado su total desconcierto ante las evidencias fehacientes que confirman la existencia de ciertos grupos de personas que, prescindiendo de la posibilidad de escrutar el futuro en una sota de bastos o de acreditar su longevidad a los dioses de oriente, adoptan de muy buen grado el hedonismo orgiástico y trasnochador como procedimiento seguro para vivir poco, pero mejor. Tanto o más notable es la actitud adoptada por algunos sujetos que, en beligerante discrepancia con los preceptos de la cultura new age, dan rienda libre al consumo desenfrenado de salamines picado grueso, discos de ACDC, fernet con coca, películas pornográficas y borceguíes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco ha de faltar para que una hueste de positivistas del primer mundo invada la argentina, atónitos ante el hecho de que una nación entera cultive desde hace siglos el más infecto de los rituales. Porque ninguna práctica cultural contradice tanto a los preceptos de la bromatología moderna, ni a las disposiciones neo religiosas y pseudo paganas del aquí y ahora, como la execrable y nauseabunda costumbre de reunirse un domingo al mediodía a comer un asado con la familia. Nada más imaginarlo: una multitud de personas palmeándose la espalda y haciendo comentarios chuscos con la boca repleta de manises, la recua de mocosos jugueteando y dejándose besuquear por tías bigotudas, una parrilla que exuda la grasa de reuniones previas soportando el peso de varios kilos de carne y vísceras de dudosa procedencia –los chinchulines recuperados de entre las cenizas-, litros de vino y cerveza refrescando los gaznates, la gritería de una punta a otra de la casa haciendo añicos la armonía energética del hogar, cuyas últimas trazas acabarán sucumbiendo bajo los ecos del aplauso póstumo para el asador y las estridencias radiofónicas del clásico de la fecha... Una opción es renunciar paulatinamente a todas esas cuestiones que hacen de este mundo un lugar mejor, o que por lo menos nos ayudan a sobrellevarlo. La otra, quizá más fundamentalista y categórica, es hacerse a la idea de que vivir bien y durar mucho no tienen por que ser la misma cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-6748520544317200840?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/6748520544317200840/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=6748520544317200840&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/6748520544317200840'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/6748520544317200840'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2008/09/hay-que-vivir-como-el-culo-para-morirse.html' title='Hay que vivir como el culo para morirse sano'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-9219733361272948670</id><published>2008-09-09T16:32:00.000-07:00</published><updated>2008-09-15T15:36:25.945-07:00</updated><title type='text'>Cuando el mundo cabe en una caja</title><content type='html'>Aunque el joven del interior radicado en la ciudad de La Plata a fin de cursar sus estudios universitarios es -por regla general- un blanco constante de vicisitudes antológicas, de achaques nostalgiosos, y de vergonzosos lloriqueos mal contenidos en el transcurso de una llamada de cobro revertido a mitad de la noche, no podemos pasar por alto que –de tanto en tanto- su lóbrego devenir se ve trastocado por una serie de felices acontecimientos para nada fortuitos.&lt;br /&gt;No es mi intención detenerme en los parciales aprobados de taquito, el advenimiento de las vacaciones, los micros gratis para ir a votar, o el inusitado deleite de zamparse un chori a la salida del boliche, con una morocha a la diestra… hay un evento que supera con creces a todos los mencionados, y que es el paradigma mismo de la felicidad. Dos palabras que lo conjugan todo: La Encomienda.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así como los miles de bóvidos que emprenden febriles migraciones desde la pantalla del Animal Planet, una multitud de jóvenes foráneos invaden las numeradas y perpendiculares calles de la ciudad de La Plata durante la primera semana de cada mes, en sonriente procesión hacia la terminal de ómnibus. Avanzan solos o en grupos, las miradas brillando de expectativas mal disimuladas por debajo de las gafas que los salvaguardan de la broncínea resolana del sábado a la mañana. Unos caminan presurosos, otros arrastran los pies. Algunos se deslizan en maltrechas bicicletas, a las que el adoquinado histórico arranca quejidos metálicos, y no faltan los que se dejan languidecer en los mullidos asientos del transporte público. Unos pocos –bacanes- sucumben a la tentación de sacrificar un pan relleno en Plaza Italia, y aventajan al resto con la complicidad de algún taxista mal dormido, que pispea de reojo por el espejito retrovisor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los despachadores están nerviosos, tensos durante esas jornadas épicas. Saben lo que les espera: una barahúnda de emigrantes famélicos alineados indisciplinadamente, cogoteándo con avidez al acecho de la montaña de envoltorios parduscos, rogando entre dientes que ese –el grandote- se engalane con la caligrafía familiar del viejo o la vieja. Hay sonrisas brillantes, miradas furtivas por encima del hombro, y la blasfemia de rigor del que se dejó olvidado el documento en la mesa de luz… y por último, el lento, angustioso, traqueteante regreso a casa. Otra vez la caravana -esta vez a contramano- arreglándoselas lo mejor posible para remolcar sus bártulos: un grupete de muchachas cargan, entre todas, una formidable caja que amenaza con desfondarse; dos hermanos –dos gotas de agua- se turnan para cargar un paquete que emana las fragancias inconfundibles del salamín y la bondiola; un escuálido mozalbete lucha a brazo partido por sobrellevar el incógnito peso de su regalo de cumpleaños, envuelto en rutilante papel misionero con el celo de un padre primerizo; y son cientos de almas las que -a pesar de cargar un fardo misérrimo- sonríen de oreja a oreja… y no mas verlos se puede adivinar que son esos los que no poseen una tarjeta del cajero automático. Eventualmente -apenas de tanto en tanto- un pelirrojo se suma al éxodo entusiasta, y ocupa dos asientos del destemplado doscatorce que lo deja en la puerta de su casa, en los mismísimos confines del barrio El Mondongo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recibir una encomienda cuando se es un joven del interior radicado en la ciudad de La Plata a fin de cursar sus estudios universitarios es como adelantar la navidad, como anticipar la fecha de cumpleaños mes a mes. Lo mismo da que contenga varios paquetes de fideos o galletitas, latas de conservas, frascos repletos de escabeche casero, o esa mensualidad que apenas rinde para tres semanas, la encomienda inyecta una dosis de bienaventuranza gastronómica que colma a estómagos y espíritus por igual. Es una invitación al convite fraternal, al ‘venite a comer a casa, que mi vieja mandó milangas’, al derroche sabático con arrepentimientos póstumos e insalvables, al corazón contento. Pero también es un puente que se tiende entre lo que se dejó atrás y lo que se nos viene encima, el reencuentro con las raíces filiales hechas pastafrola, o dulce de frambuesas, o una bufanda impregnada del aroma característico de la ropa lavada en casa, al punto que uno quisiera meterse en esa caja de treinta por treinta y quedarse a vivir ahí, entre bollos de papel de diario y piolines de hilo sisal. Desgarrar el vientre encintado de una encomienda con un serruchito tramontina para zambullirse en sus misterios ocultos y fragantes es como cortar de un tajo las decenas, los cientos o miles de kilómetros que nos separan de nuestros hogares…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nota: todos aquellos que se hacen llevar la encomienda a su casa por delivery, y soportan indolentes las muchas horas de espera a sabiendas que ésta descansa en la terminal desde hace horas, constituyen un hato de desalmados impíos, y por sus venas corre horchata de naranja en lugar de sangre… si me disculpan el exabrupto sensiblero y prejuicioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-9219733361272948670?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/9219733361272948670/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=9219733361272948670&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/9219733361272948670'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/9219733361272948670'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2008/09/cuando-el-mundo-cabe-en-una-caja.html' title='Cuando el mundo cabe en una caja'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-1160444692846724932</id><published>2008-09-07T12:45:00.000-07:00</published><updated>2008-09-07T14:01:16.915-07:00</updated><title type='text'>Trashumancias</title><content type='html'>De un tiempo a esta parte, los más esclarecidos científicos del primer mundo han sumado sus aventajadas inteligencias y los más sofisticados métodos de investigación con el altruista objetivo de acercar al ciudadano corriente una serie de  descubrimientos tan pedestres como insípidos. Hace unos días, escuchando la radio, me vengo a enterar que –según estudios de una afamada universidad USAmericana- las mudanzas constituyen una inagotable fuente de estrés para un altísimo porcentaje de personas… ¡Y yo que creía que las ganas de salir a estrangular gente cada vez que me toca empacar mi vida y cambiarla de sitio era algún tipo de psicopatía congénita!&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace casi una década que vivo en la Plata, y durante todo ese tiempo me he mudado unas cinco veces, lo que arroja el escalofriante promedio de una mudanza cada dos años. Bastaría añadir a eso las presiones laborales, los índices inflacionarios en constante alza, la eventual pérdida de un ser querido, el consumo masivo de drogas sociales y el hecho de que convivo con más animales que personas para despertar profundas sospechas sobre mi estabilidad psíquica y emocional. Podemos añadir el dato no menor de que llevo amasijada una pequeña fortuna en alquileres a lo largo de esos ciento veinte meses, y hasta resulta extraño que aún permanezca con vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A contrapelo de lo que puedan pensar los nacidos y criados, cuya limitada experiencia de campo los impulsa a entender el acto de mudarse como un simple traslado de un punto a otro, el trauma del desarraigo habitacional perdura todavía más allá de la consecuente redistribución de muebles y enseres. Una mudanza es mucho más que un evento que viene a trastocarnos la vida a lo largo y a lo ancho de los dos o tres meses que nos toma dar con un nuevo departamento, lidiar con la burocracia pertinente para firmar el contrato, empaquetar nuestras cosas y trasladarlas a la nueva vivienda. No consiste únicamente en desembolsar hasta el último céntimo para saciar el apetito voraz de los agentes inmobiliarios, o perder mañanas completas batallando a brazo partido contra la impavidez de los empleados de las empresas de servicios, que sonríen como idiotas e hilvanan coartadas endebles como paliativo a nuestra desesperación de llevar semanas bañándonos en lo de un amigo, vegetando a la luz de las velas y comiendo de delivery. No alcanza con definir que lugar ocupará la biblioteca, el sillón y la tele –casi hermanos siameses- o la ubicación definitiva de la heladera. Se equivocan los que interpretan que una mudanza se concreta en el preciso instante en que el último cachivache ha sido emplazado según los dictámenes atávicos del Feng Shui, libre al fin de su encierro de papel periódico. ¡No, señores¡ todavía queda un largo tramo por recorrer… quizá el más arduo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez instalados, la flamante vivienda comenzará a manifestar paulatinamente sus matices personales, su idiosincrasia inanimada, esos pequeños detalles que la diferencian de todas las demás y con los que tendremos que aprender a convivir. Se necesita invertir grandes dosis de paciencia para desentrañar los secretos que esta nueva morada reserva para nosotros. Es menester una concienzuda preparación física y mental para soportar con gallardía las jornadas póstumas al evento per se… Noches y más noches de helarse hasta los huesos, blasfemando en lenguas extrañas ante la imposibilidad de dar con el truco que nos permita encender el calefactor. Inodoros súbitamente regurgitantes, cerraduras mañosas e insurrectas, enchufes disfuncionales y el más inepto de los plomeros, que acertó a colocar el grifo del agua fría donde debía estar la caliente (y viceversa). Podrían transcurrir meses enteros antes de que logremos darnos una ducha como la gente, porque es más fácil clavar el tresmiltrescientostreintaytres a la cabeza de la quiniela nocturna de Montevideo que regular un calefón en su temperatura óptima. Fallaremos unas cien veces en el intento de cocinar una tarta, hasta concebir un recurso de fuerza mayor para asegurar la tapa del horno, evitando que la cena salga quemada de un lado y cruda del otro. Se agotarán nuestros recursos difamatorios inventando insultos extravagantes con que celebrar la memoria de las madres de los antiguos inquilinos, que nos dejaron un pegote amorfo e irreductible en el piso de la habitación, la persiana chanfleada para un costado, toneladas de mugre desparramadas por doquier, y la simpática leyenda ‘pocha te amo’ escrita con fibrón indeleble en el espejo del baño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Superadas estas contingencias –o a veces en simultáneo- iremos descubriendo al grupo humano que nos rodea, ese as en la manga que los dioses se reservan para ganarnos de mano en el instante exacto en que pensamos que nuestra vida no puede ser peor. Hay que estar atentos y no dejarse engañar, porque hasta el más amable de los vecinos es un potencial Heavy Metal, dispuesto a repasar a las tres de la mañana –a todo volumen y con arreglos corales de su autoría- los grandes éxitos de Iron Maiden, o una futura vieja amargada que se queje ante el consorcio por los pelos de la &lt;a href="http://elblogdelcolo.blogspot.com/2007/07/le-falta-hablar.html"&gt;Neera&lt;/a&gt;, y hasta podría darse el caso de que la simpática muchachita del cuarto B termine poniéndonos los genitales en compota de tanto tocarnos el timbre –compungida- para preguntar si nosotros tenemos tele, todos los días a la hora de la novela. No faltará jamás el guitarrero de oficio, las tres minitas que viven solas, el que fuma en el ascensor (y para colmo lo deja con la puerta abierta en el noveno piso), la que elije el día previo a nuestro parcial para dedicarse a garchar en stereo con la ventana de la habitación abierta,  y un grupito de energúmenos dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de agarrarse a alguna de las tres minitas que viven solas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y conforme el tiempo avance, la necesidad de habituarse a un nuevo espacio se irá expandiendo territorialmente, como los círculos concéntricos que forma un cascote al ser arrojado en las profundidades de un estanque. El odio visceral al infradotado sujeto que dedica sus tardes a martillar la única pared que tenemos en común dará paso a un nuevo rencor, esta vez apuntado a la legión de obreros que se afanan en la construcción de un edificio próximo, y se trasladará luego al quiosquero de la esquina que insiste en darnos un caramelo masticable, so excusa de no tener jamás una moneda de diez centavos. Una vez resignados a tamaño atropello, nos tocará descubrir que el carnicero de este barrió es todavía más usurero y menos higiénico que el del barrio anterior, que los gerentes del nuevo supermercado chino de la cuadra han logrado superar a los del supermercado chino que dejamos atrás a la hora de fingir su nula comprensión del idioma castellano, y que los mocosos indómitos del colegio que teníamos a la vuelta del otro departamento eran unas blancas palomitas en comparación con los abortos de Satán que toman el mismo colectivo que, ahora, tenemos que abordar cada mañana para ir a trabajar. Será menester el que respiremos bien hondo y contemos hasta diez, con tal de no pasar a cuchillo al nuevo infeliz que se supone poseedor del más agudo ingenio toda vez que nos ve transitar frente a su verdulería invadida por las moscas, y se despacha con un ‘¡colorado el dieciséis!’. Habrá que atragantarse de bilis ante la triste realidad de que este barrio alberga un número exponencialmente mayor de perros sarnosos que el anterior, y que todos –indefectiblemente- serán alimentados por la Pitu en las puertas mismas de esta casa, que a casi un año de albergarnos entre sus vetustos muros todavía no nos dispensa la satisfacción de concedernos un mes (¡un mísero mes¡) de tregua, sin tener que desembolsar buena parte de nuestros magros ingresos para remendar alguno de sus nuevos e insospechados desperfectos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-1160444692846724932?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/1160444692846724932/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=1160444692846724932&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/1160444692846724932'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/1160444692846724932'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2008/09/trashumancias.html' title='Trashumancias'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-5029870090728393168</id><published>2008-09-02T14:11:00.000-07:00</published><updated>2008-09-07T14:46:33.752-07:00</updated><title type='text'>Bicivolador</title><content type='html'>Cuando mi padre aceptó sumarse a las huestes de empleados de Parques Nacionales nos condenó –sin proponérselo- a &lt;a href="http://elblogdelcolo.blogspot.com/2007/07/la-infancia-es-la-ptria.html"&gt;un pasar repleto de privaciones y contingencias&lt;/a&gt;. No tuvimos gas natural durante años, ni supermercados, ni teléfono, ni grupos de amigos sólidos y estables con los que construir un pasado común. Nuestra constante calidad de ‘nuevos’ nos valió golpizas y correteadas a la salida de múltiples colegios, romances truncos y desbarajustes educativos. Nos vimos forzados a adaptar nuestra lengua a un abanico de cadencias y modismos regionales, que acabaron entreverándose en un cambalache ininteligible. Y tuvimos que padecer la peor de las ausencias que un niño pueda imaginar: una casa sin televisión.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Teníamos el aparato, un enchufe donde conectarlo, los muebles del living convenientemente distribuidos a su alrededor, como rindiendo un tributo silencioso a esa deidad muda de catorce pulgadas… pero a nuestro minúsculo pueblito de montaña no llegaba ninguna señal televisiva. El paliativo para superar tamaña catástrofe eran las películas en VHS que nos llegaban -cada una o dos semanas- desde Esquel, a cincuenta kilómetros de distancia por un camino de ripio. Para que el lector citadino logre formarse una idea cabal de esta discapacidad multimediática debería bastar con el siguiente comentario: nosotros vimos –y celebramos- la final de México ‘86 en diferido, unos cinco días después, gracias a la tecnología del Video Home Sistem.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toda vez que un habitante del pueblo se trasladaba a Esquel, las dos o tres familias que nos enorgullecíamos de poseer un reproductor de vídeo  depositábamos en el viajante nuestras esperanzas de entretenimiento cinematográfico. A veces hacíamos pedidos precisos y detallados, indicando el nombre de la película, los colores que engalanaban sus cajas, y hasta la ubicación del filme en las estanterías del videoclub, aprendidas de memoria. Pero había ocasiones en que la elección quedaba librada al azaroso –y muchas veces deleznable- criterio del comisionista de ocasión. Fueron este tipo de circunstancias las que nos obligaron a ver, una y otra vez a lo largo de semanas, atrocidades fílmicas tales como un desierto reverdeciendo tras la lluvia, o las aventuras de un ratón comunista perdido en busca del sueño americano, canturreadas en falsete por los propios protagonistas.&lt;br /&gt;Pero la mayoría de las veces teníamos la suerte de llegaran a nuestras manos esas películas que son el deleite de cualquier impúber, atiborradas de ninjas encapuchados, pistoleros indómitos, espadachines galantes o hechiceros malvados. Eran instantes gloriosos, inolvidables: mi vieja luchando por limpiar el cabezal de la video, y todos los pendejos del pueblo amontonados en el living, exigiendo a los gritos que empiece la película, desparramando migas y volcando los vasos. Y a continuación el silencio total, apenas cortado por las expresiones generales de sorpresa ante una acrobacia imposible, la voladura de un vehiculo, los desenlaces lógicos pero angustiantes… y el descontento unánime por los artificios censores de mi señora madre, siempre atenta para interponerse frente a la pantalla y preservar nuestra inocencia pueril de cualquier besuqueo impróvido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terminada la película sobrevenía un período de mímesis, que se prolongaba por un espacio de tiempo equivalente al tiempo que tardaba en llegar una nueva película, dando paso a un nuevo período de mímesis… y así, sin concluir jamás. Fuimos caballeros de capa y espada, batiéndonos en feroces duelos a palazo limpio, hasta que el efecto ‘Los tres mosqueteros’ fue contrarrestado con ‘Karate Kid’, y entonces vinieron las patadas voladoras y la inmortal frase ‘eres torpe, Larusso’, todavía en vigencia. A la caza de indios en el campito donde los guardaparques soltaban los caballos –y donde perdí un buen par de botas de goma cuando me empatané hasta la cintura-, consecuencia directa de ‘El bueno, el malo y el feo’, se sucedieron las inolvidables e improductivas cacerías con arco y flecha que nos dejó de resaca ‘El último de los mohicanos’. Nos encaramamos a cuanto árbol se nos cruzó por enfrente (¡y habían muchos!), zangoloteándonos como monos y corriendo como desaforados pichones de Tarzán. Enmascarados y en calzoncillos, con una sábana por capa, saltamos de cama en cama y de mueble en mueble, hasta que el viejo nos desbarató la Liga de la Justicia con cuatro gritos. Con ‘El Zorro’ retornamos al esgrima, esta vez montados en briosos caballos de caña, y ‘Robin Hood’ nos obligó a desempolvar los arcos y a afinar la puntería.&lt;br /&gt;De cada período de mímesis emergíamos con un importante número de rasguños, moretones y cicatrices, consecuencias previsibles para el que anda por la ahí intentando emular, en vivo y en directo, lo que unos sujetos hacen al amparo de los efectos especiales y los trucos de cámara. Pero de ninguno de estos períodos salí tan magullado como en la etapa ‘Bicivoladores’.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me resulta imposible recordar el argumento de ‘Los Bicivoladores’, pero lo mismo da… el título ya nos dice bastante. Apenas unos minutos después de que terminara la película ya nos encontrábamos trabajando sobre nuestras vertiginosas Auroritas, poniéndolas a punto para soportar futuras hazañas rodantes. Quiso la fatalidad que –apenas unos días antes, y en conmemoración del Día del Niño- mi vieja nos regalara al Santy y a mi dos refulgentes cascos de plástico, con todo y visera, y unos conjuntos deportivos de campera y pantalón en compossé. Ataviados con tan oportuna indumentaria, seguros de nuestra habilidad al volante (e inmortales hasta que se demostrara lo contrario), mi hermano y yo cargamos con el peso de nuestras bicicletas de niña hasta la mismísima cumbre de la pendiente mas pronunciada del mundo, que en esa época se ubicaba a la salida del pueblo. Una bajada traicionera y eterna, un pliegue del mundo inclinado a sesenta grados y cubierto en toda su extensión del pedregullo más punzante que se halla inventado jamás.&lt;br /&gt;El Santy se tiró primero, porque si hay algo que le gusta a ese inconsciente es arriesgar su integridad física montado en cualquier cosa que tenga un par de ruedas. Salió pedaleando, a modo de compadrada, y alcancé a oírlo gritar de alegría cuando logró el máximo de velocidad. Zozobró por un instante, a mitad de camino, pero pudo estabilizarse con soltura y retomar la marcha. Se fue haciendo chiquito, lejano, hasta que llegó a la base y se detuvo con una coleada elegante. Su casco amarillo era un puntito refulgente, diminuto.&lt;br /&gt;Yo ni siquiera tuve el coraje de tocar los pedales. Me lancé cuesta abajo sin ninguna convicción, con las piernas extendidas a los lados y los brazos flojos, como si confiara en el instinto de ese bólido inanimado y verde que me impulsaba barranca abajo. Zozobré por un instante, a mitad de camino… y supe con resignación que todo había terminado. Rodé dos o tres metros como un muñeco de trapo, y obtuve la confirmación empírica de que ese ripio lastimaba como ningún otro que hubiera conocido. Los dioses vinieron a sumar su toque característico de morbosa ironía, y el único sector de mi anatomía que no sufrió un solo golpe fue –precisamente- el que se encontraba a salvo de ellos, protegido por la férrea corteza plástica de mi casco con visera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al descalabro errático de la caída se sucedió el metódico y ejemplar castigo de mi madre, que logró ingeniárselas para hacer polvo las últimas trazas de mi orgullo mancillado sentenciándome a una serie de penitencias de por vida, que incluían labores comunitarias y períodos de confinación domiciliaria durante las siestas. También libró una orden de restricción, según la cual se me prohibía acercarme a mi Aurorita verde a menos de diez metros, y dejó en suspenso la condena por destrozar mi flamante equipo de educación física. El viejo -que siempre prefirió los fusilamientos sumarios a las cortes marciales- se limitó a cerrar el caso con una indeclinable invitación a irme a mi cuarto y reflexionar sobre lo sucedido. De este modo se dio por concluida mi etapa ‘Bicivoladores’, a menos de tres horas de iniciada. Al Santy no se le pasó jamás, y hasta el día de hoy que se lo puede ver esquivando automóviles y transgrediendo semáforos, a lo largo y a lo ancho de la ciudad de las diagonales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-5029870090728393168?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/5029870090728393168/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=5029870090728393168&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/5029870090728393168'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/5029870090728393168'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2008/09/bicivolador.html' title='Bicivolador'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-1574270872693282608</id><published>2008-08-18T12:10:00.000-07:00</published><updated>2008-08-18T12:13:08.452-07:00</updated><title type='text'>Final Trip</title><content type='html'>Un día como hoy -hace más o menos veinte años- mi familia completa se apiñaba en un Ford Falcon modelo 72 con la fantástica meta de atravesar los dos mil kilómetros que se interponían entre nosotros y la casa de los abuelos, en la Muy Benemérita Ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz. No lo sabíamos entonces, pero esta sería la última aventura trashumante en la que nos embarcaríamos los cinco juntos, como familia.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuenta la leyenda que mi padre, instado por el mismísimo Belcebú, accedió a trocar su entereza, su diplomacia y buena parte de su cabellera a cambio de tres habichuelas mágicas, a las que cultivó con el esmero y la dedicación de los que creen en cuentos de hadas, y ansían futuros promisorios y finales felices. Pero el Enemigo castigó sus ambiciones desmedidas, y de las semillas surgieron tres hermosos efebos que habrían de recordarle para el resto de su vida que de la cola del chancho no salen chauchas.  Mi padre los bautizó como ‘Martin (con acento en la ‘a’), James (Santiago), y Andrew (Andrés)’, pero serían conocidos como ‘el Colo, el Santy y el Teto’. Mi teoría es que el viejo comenzó a arrepentirse –a arrepentirse a conciencia, con los dientes apretados- de tan desafortunada transacción durante los primeros doscientos kilómetros de aquel viaje. He aquí una crónica de aquella memorable road tragedy…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;06:00 am. (Villa Futalaufquen)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hora fijada para la partida. Todos los hombres de la familia nos encontramos en nuestros puestos, listos y prontos. Solo resta mi madre, que recordó a último momento todo lo que había olvidado hacer dos semanas antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;07:00 am. (Aún en la Villa Futalaufquen)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi madre se une a la partida después de comprobar que todas las llaves de gas estaban cerradas, la luz desconectada, los postigos trabados, la heladera desenchufada y que no había ropa en la soga. El rechinar de dientes de papá ha actuado como un eficaz somnífero, de modo que los tres querubines dormimos el sueño de los justos en el asiento trasero del Falcon. ¡Partimos hacia la aventura!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;07:15 am. (Idem)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vaciados sus esfínteres, mi madre vuelve a ocupar su sitio en el vehículo. ¡Finalmente partimos hacia la aventura!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;07:50 am. (En algún punto de la ruta entre la Villa y Esquel)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ventisca arrecia. La nieve nos impide avanzar a velocidad crucero, y obstruye la visibilidad casi por completo. Serpenteamos por un lodoso camino de cornisa, evadiendo puentes enclenques y trabajadores viales, que saludan eufóricos. Se suman a la confusión imperante los gritos de mi padre, que intenta convencer a mamá para que desempañe el sector del parabrisas que corresponde al conductor, y no el del acompañante. Mi madre lo ignora olímpicamente, y le señala la proximidad de la banquina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;09:45 am. (Ciudad de Esquel)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos sorteado los primeros cincuenta kilómetros del viaje, y el asfalto es una bendición para nuestros magullados traseros. Atravesamos raudos la ciudad, deteniéndonos apenas para reponer nuestras provisiones de Coca Cola y galletitas. Los ánimos de mi padre, un tanto más sosegados ahora, vuelven a desbordarse cuando descubre una falla mecánica en una de las ruedas del brioso Ford. La obligada escala en el taller mecánico marchita el espíritu aventurero del grupo. Mis hermanos y yo nos despabilamos por completo, y comenzamos a minar la paciencia de nuestros progenitores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;09:50 am. (Playón del taller mecánico)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi madre se aproxima trémula a un Eduardo enjuto y vociferante, y lo pone en conocimiento –con un hilo de voz- de que han dejado olvidados los documentos del auto, junto con su licencia de conducir, en un cajón del mueble viejo que está en el comedor. La reacción de mi padre deja boquiabiertos a dos empleados del taller que se afanaban en la reparación de nuestro rodado, y al diariero de la esquina de enfrente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10:30 am (En algún punto de la ruta entre Esquel y la Villa)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ventisca arrecia… nuevamente. En la cabina del Ford no vuela una mosca. Solo se dejan oír los quejidos del vehículo al trajinar la cinta de ripio, y las imprecaciones de mi padre  espetadas a voz en cuello. El Teto, que todavía es chiquito, ensaya un llanto sin disimulos. Santy se chupa el dedo, dormido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12:10 pm. (Nuevamente en Esquel)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Avituallados otra vez, habiendo recorrido ciento cincuenta kilómetros en círculos, ponemos proa a la aventura. La rueda del bólido familiar sigue acusando algún desperfecto, pero nadie lo menciona porque tenemos la impresión de que el viejo está recuperando sus colores. Nosotros tres, contentos, nos acodamos en el respaldo del asiento delantero. Teto nos divierte señalando la prominencia de los mofletes de la vieja, en tanto que yo aplico un suave masaje en los tensos hombros del Eduardo. La nieve nos recibe de nuevo, apenas abandonada la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13:54 pm. (En Los Altares, capital nacional de la nada)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agotado después de tantas horas de manejar en la nieve, pulverizada su entereza por el flagelo de nuestra vivacidad infantil y devastado ante la indiferencia de la vieja, que se aferra a la luneta del auto y escruta el horizonte en busca de obstáculos, mi padre ha decretado la ley marcial. Esta jornada inmortalizará su frase ‘!a ver Lucila, date vuelta y pegále un cazote a alguno, a ver si se calman!’. Sus nervios estallan luego de recibir la nonagésima quinta patada a través del asiento, y anuncia con énfasis que al próximo que escucha hablar, lo faja. Se hace el silencio, y los tres inclinamos la cabeza en señal de respeto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;14:16 pm. (En el centro mismo de la provincia del Chubut)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fiel a su atávica costumbre, el Santy se decompone. Ante la inminencia del vómito, y conciente de la prohibición de hablar so pena de ser inmediatamente reprimido por un soplamocos de revés, intenta llamar la atención de mamá golpeando su hombro. Mi madre, absorta en el desempañamiento metódico de su mitad de parabrisas, hace caso omiso a sus gestos espasmódicos… gestos que son percibidos por el rabillo sanguinolento del ojo derecho de mi padre. El Santy es increpado violentamente para que revele el motivo de su inquietud, mientras que el Teto y yo tomamos prudente distancia de nuestro hermano, cuyos cachetes comienzan a hincharse y luego se desinflan como si de un globo se tratara, rociando por completo al asiento delantero y a sus ocupantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;14:18 pm. (A la vera de ruta, donde el diablo perdió el poncho)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Teto y yo no podemos contener las carcajadas, en tanto que mamá se sirve de la nieve acumulada por doquier para limpiar al Santy, a si misma, y a la cabina mancillada del augusto rodado. Mi padre aprovecha el paisaje agreste e inhóspito para blasfemar sin restricciones morales, yendo de un lado a otro y lanzando boleos al vacío. Una de esas patadas erráticas da contra una roca oculta bajo el níveo manto, magullandole seriamente tres falanges de su pié derecho. Decenas de liebres prefieren revelar sus posiciones echando a correr a campo traviesa antes de escuchar un bramido más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;19:30 pm. (Puerto Madryn)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos recorrido apenas un cuarto del trayecto programado para esta jornada. El Falcon descansa en los fondos de un ignoto taller, esperando su turno de ser definitivamente reparado. Ocupamos una habitación del mejor y más barato hotelucho de la ciudad, con baño privado y tres camas, y la vieja nos preparó unos sanguchitos de jamón y queso sobre su mesa de luz. Papá ronca a calzón quitado, aunque cada tanto se incorpora y exige silencio, enfatizando la orden con el vaivén histérico de su puño cerrado. Tendido en la cama que comparto con uno de mis hermanos, sintiendo sus fétidos pies a escasos centímetros de mi rostro, tomé la firme determinación de no volver a repetir aquella experiencia jamás… No lo sabía entonces, pero todos nosotros pensábamos lo mismo en ese preciso instante…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-1574270872693282608?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/1574270872693282608/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=1574270872693282608&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/1574270872693282608'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/1574270872693282608'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2008/08/final-trip_18.html' title='Final Trip'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-7771107825803993666</id><published>2008-08-05T17:18:00.001-07:00</published><updated>2008-08-05T17:19:17.535-07:00</updated><title type='text'>Paladar negro</title><content type='html'>La imposibilidad de atragantarse con un puchero como la gente es -hoy en día- el hilo conductor que vincula indiscriminadamente a una amplia mayoría de los argentinos, salteándose sin miramientos los escalafones sociales. Eso es algo que me queda bien claro, ahora que soy el que responsable de mi propia alimentación, pero hubo una época dorada en que los alimentos surgían maravillosamente manufacturados, calientes y abundantes, siempre precedidos por el agudo chillido de mi madre que pregonaba: ¡Chicos, a comer!&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace poco más de diez años fui invadido por el ineluctable deseo de correr aventuras, de luchar a brazo partido contra toda adversidad para superarme, para crecer como persona, el anhelo ingobernable de hacer de éste un mundo mejor, el afán de conocer nuevos horizontes, de traspasar mis fronteras… de poner la mayor distancia posible entre mis viejos y yo. Fueron estos nobles fines –y otros menos insignes- los que me impulsaron a montarme en un precario colectivo que, casi treinta horas mas tarde, me depositaría más muerto que vivo en la ciudad de La Plata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dormir cruzado en la cama hasta las doce del medio día, rascarse a cuatro manos, imponer la ley y el orden a imagen y semejanza de uno mismo, perturbar los preceptos morales de nuestros antepasados hasta sus cimientos. Afeitarse, nunca, bañarse… jamás. Tiempo de fiestas y agasajos, de ‘nos juntamos en mi casa’ y ‘vamos todos a lo del Tute’. Amanecerse embarrado de acrílicos hasta los codos y trasnocharse jugando a los dados, los pisos crocantes de tanta cáscara de maní, los botiquines abarrotados de bayaspirinas y las alacenas rebalsando de café soluble. Vivir solos –hay que decirlo- es lo mas cercano al paraíso que muchos de nosotros podremos llegar a conocer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero llega un día en que el hambre, el verdadero hambre, golpea a nuestra puerta buscando un resarcimiento frente a tanto mate con bizcochos Don Satur, a tanto almorzar sanguchitos de parado en el buffet de la facultad y tanta cena de hamburguesas y panchos. Llega el hambre, señores, y no la detienen ni los fideos con manteca ni el arroz con huevos fritos a caballo, porque no es un hambre cualquiera. Es la necesidad fisiológica de churrascos a la plancha, de carne al horno con papitas doradas, de zapallitos rellenos y bombas de papa. Es el hígado que pide clemencia, los intestinos al rojo vivo, los abdominales atrincherados tras una espesa barricada de tejido adiposo. Y -por sobre todo lo demás- es el sentido del gusto, afrentado de tanta salsas de dudosa procedencia, regadas sin piedad a lo largo y a lo ancho de una milanesa completa en Plaza Moreno. Fue ahí, en ese preciso momento, cuando me dí cuenta que realmente extrañaba a mi mamá, a su hermosa cocina, y a su grito de guerra que convidaba al atracón sin causas ni consecuencias. Y descubrí también –fatal sincronía- que no sabía ni pelar una cebolla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo he comido alfajores con cerveza a modo de almuerzo, señores… y los repetí en la cena. Me he zampado sin atisbos de culpa una cacerola tamaño mediano de puré de papas y zapallo con mayonesa, atornillado frente al televisor. Yo inventé las empanadas de salchichas, las milanesas de Viandada, los tallarines con paté y el sánguche de polenta que quedó del otro día. He rendido culto a los restos de tuco que se incorporan a nuevos tucos, que unas veces se mezclan con mostacholes y otras veces con arroz, que van adquiriendo experiencia y conocimiento de otros platos, de otras culturas, hasta que finalmente alcanzan el nirvana de integrar un guiso primigenio y celestial, que habrá de recalentarse a intervalos convenientes. Freí la cebolla en vinagre, cuando una cuadra era demasiado trajín para ir a comprar aceite, y espesé la salsa con pan rallado y maicena para que salga más llenadora… y toqué fondo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El proceso de rehabilitación gastronómica, y la posterior reinserción en los escalones finales de la pirámide alimenticia es -sin duda- uno de los más duros trances por los que un hombre pudiera pasar, apenas armado con una espumadera. Son mediodías enteros de mirar a Karlos Arguiñano picando cebollas con las antiparras puestas, de tomarle el punto a los fideos escrachándolos contra el azulejado de la cocina, de salpimentar a gusto. Tardes que se escapan en el revoleo sistemático de panqueques, en el batido de claras a punto de nieve, expediciones al supermercado para apreciar en vivo y en directo el contacto con las verduras de estación casi como dios las trajo al mundo, y el eventual desafuero de hacerse con un kilo y medio de vacío a fin de mes. Son noches y noches amasando pizzas con los muchachos, rebozando milangas a la provenzal, salteando cubitos de carne milimétricamente cortados, que luego habremos de separar para agregar las verduras y los hongos, freír hasta que estén doradas, incorporar nuevamente la carne, junto con los tomates, la copa de vino y la nuez moscada. Son horas de dejar hervir sin tapar la cacerola, a fuego mínimo o hasta que la preparación espese, y servir caliente acompañando con pastas o arroz.  Es duro, créanme, pero se sale.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Y ahora, como quién intenta intercambiar oro por espejitos y cuentas de colores, menoscabando mi mucha sapiencia y poniéndome en ridículo  frente a mi propio pasado, la Pitu intenta convencerme de que ‘cena’ y ‘ensaladita’ son sinónimos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-7771107825803993666?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/7771107825803993666/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=7771107825803993666&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/7771107825803993666'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/7771107825803993666'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2008/08/paladar-negro.html' title='Paladar negro'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-5537752129284012895</id><published>2008-07-28T16:13:00.000-07:00</published><updated>2008-07-28T16:14:01.377-07:00</updated><title type='text'>Un sol para los mozos</title><content type='html'>El que suscribe se ha desempeñado desde su más tierna infancia en multitud de actividades laborales, las más de ellas deleznables. Fui podador de árboles frutales, pintor de obra, ayudante en la cocina de una rotisería que contrariaba todos los dictámenes de la bromatología moderna, kiosquero a la hora en que la gente necesita cambio para el colectivo, e incluso me he enfrentado a la muy ingrata labor de atender una plantación de ajos, sobrellevando de mal grado las consecuencias balsámicas del caso.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cierto es que todas estas profesiones de ocasión no se comparan con tantas otras, indudablemente peores. Los escrupulosos no dejarán de apuntar que hay quién se gana el pan yugando de sol a sol como taxista, como albañil, docente de escuela carenciada, médico de turno el treinta y uno a la noche, recolector de residuos en pleno verano porteño, prostituta, sacerdote o policía. Para estos celosos estadistas de la desgracia ajena me guardé un as bajo la manga: Yo, señores, he sido mozo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Condenados a permanecer impecables por más concurrida que se presente la noche, a sonreír contra toda adversidad, a que el más ignaro de los clientes tenga siempre la razón, los camareros de todo el orbe lamentan tras bambalinas su fatídica suerte. No saben de fines de semana de parranda, que inician al caer el sol del viernes por la tarde. Tampoco se entregan al disfrute de las fechas sacras del calendario festivo, como el día de la madre o el del amigo, porque es cuando abundan las reservas anticipadas. Viven a contramano del mundo, forjando el temple en el tintineo de brindis ajenos, improvisando divertimentos insípidos para sobrellevar el franco del lunes, sacrificando una hora de sueño cada día para planchar la camisa y el delantal, llegando tarde y mal dormidos a las festicholas en plan de retirada que organizan los que se dan el lujo de ser oficinistas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la verdadera Némesis del mozo es, paradójicamente, aquello que legitima y propugna su existencia: el cliente. Los factores que vienen a atentar en contra de una relación de equilibrio simbiótico entre ambas partes son muchos y variados, aunque es probable que el motivo principal se centre en ciertas cuestiones vinculadas a la distribución de la riqueza y los medios de producción, cuestiones que ya han sido analizadas minuciosamente por sujetos cuyos esclarecidos razonamientos aventajan -sin lugar a dudas- a mis oscuras torpezas existencialistas. A pesar de esto existe un nutrido número de personas, devenidas ocasionalmente en clientes de restaurante, que amén de saberse poseedoras de cuantiosos capitales y apellidos rimbombantes se empeñan con bizarra porfía en agradar al camarero de turno, o al menos en complicarle la vida lo menos que se pueda. Lo cierto es que las más de las veces estas intentonas conllevan al fracaso, en tanto que la mayoría de estas gentes desconoce en profundidad los ires y viretes de la profesión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que sigue es una guía –apenas una serie de recomendaciones deshilvanadas- para aquellos lectores piadosos a los que les interese adentrarse en el intempestivo mundo de estos sufridos subalternos de la gastronomía. Sirva esto como una capacitación para hacer feliz a un mozo, o al menos para ahorrarle algunos disgustos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre las propinas: Es importante que sepa que el sueldo de un mozo suele ser misérrimo, de modo que es imposible su subsistencia sin el aliciente del estipendio con que usted pudiera recompensarlo. No faltan los que se niegan redondamente a sacrificar un diezmo por un servicio que –conjeturan- ya pagaron con la cuenta. Desconocen estos sórdidos sujetos que, de atenerse estrictamente a las responsabilidades que supone su salario de porteador, el mozo se limitaría a revolear los platos a la marchanta con su mejor cara de culo. Su propina recompensa las sonrisas fingidas, las respuestas amables a las preguntas recurrentes, el agacharse a recoger la servilleta o el cubierto que usted dejó caer al suelo con negligencia, el fingir que servirlo constituye una experiencia interesante. ¿No cree que tamaño despliegue de metódica hipocresía merece ser recompensado con generosidad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre cómo invocar al mozo: Todo argentino con más de diez años de vida está enterado que basta apuntar con la mirada al mozo y levantar la mano para que éste se aproxime, con tanta prontitud como le sea posible. Sin embargo, jamás faltan los sujetos cuyo irrefrenable lirismo los impulsa a recurrir al adjetivo calificativo, con epítetos que pueden ir desde inocentadas tales como ‘pibe, otra agua’ o ‘¿flaco, tendrás un salero’, hasta rozar el abuso de confianza: ‘traete otra sin gas, coloradito’, ‘¿le falta mucho, nena?’, o ‘¡mosaico! ¿no me trae otro tinto?’. El señor estará de acuerdo en que una respuesta del mismo calibre podría resultarle desagradable, e incluso embarazosa. A fin de evitar réplicas cercanas a ‘enseguida, dolape’, ‘aguante un poco, viejarda’, o ‘cuando viene con la otra muchacha no parece tan apurado como ahora, que lo acompaña su mujer’, recomendamos guardar la compostura. Si usted le dice ‘mozo’, el le responderá ‘señor’.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De las sugerencias: Es lógico que, ante cualquier duda que pudiera surgir durante la lectura de la carta, el cliente procure valerse de la idoneidad del mozo para despejarla… Salvo por un detalle mínimo. Contra lo que podría suponerse, los empleados de la industria gastronómica no se regalan con opíparas pitanzas de sofisticada pronunciación. El mozo, señora, cuenta con apenas unos minutos para despacharse –de parado y casi sin masticar- alguna milanesa caduca, o un flancito sustraído de la heladera. Por favor: desista en sus empeños por saber que es el cous cous, abandone la idea de establecer un cuadro comparativo entre el mero y el bacalao, suprima sus deseos de indagar en los misterios de las salsas con mariscos. Y si la diosa fortuna pone al alcance de sus finanzas ese vino de tres cifras, apiádese… dejé al menos un sorbo en la botella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De cómo su vida no es tan interesante como usted supone: Suele suceder que algunos matrimonios vetustos, perdidos los ímpetus de los primeros años, intenten reavivar la llama del amor saliendo a comer afuera, lo cual no está para nada mal… a falta de algo mejor. El inconveniente reside en que estas venerables parejas ya lo tienen todo hablado, con lo que –agotadas las impresiones acerca de lo afrutado del vino, el aumento de precios con respecto al domingo anterior, y lo suave del relleno de los ravioles- acaban atosigando al mozo con un relato pormenorizado de sus vidas, las vidas de sus hijos, las vidas de sus nietos, y todas las vidas que a ellos no les está dado vivir. Es menester que sepan, augustos ancianos, que mientras ustedes comentan con lujo de detalles los éxitos facultativos del joven Nachito, el fulano de pié frente a su mesa -que sonríe y asiente en piloto automático- se desespera por atender el llamado de la cuatro, presiente que ya está lista la cuenta de la siete, vislumbra de reojo las señas imperiosas de su jefe, y es probable que se muera de ganas por saborear un bocado de ese lomo a la pimienta que usted, señor, le está masticando en la cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre esos locos bajitos: Hay parejas que, en beligerante discrepancia con la realidad que les toca vivir, pretenden continuar con sus vidas como si tal cosa aún después de haber engendrado a uno o mas niños. Es así que continúan aceptando las invitaciones a cenar, y acuden a la cita con una recua de vástagos indómitos que no hacen otra cosa que malograr la salud mental del mozo de turno corriendo entre las mesas, llorando a toda voz y volcando las bebidas propias y ajenas. Son pocos los padres que se hartan hasta el tuétano de las correrías de estos pichones de delincuentes, optando por sentarlos de prepo y administrarles un sonoro soplamocos que acabará por sosegarlos… Todo un ejemplo para esos indolentes señores que sonríen con cara de estúpidos mientras uno les cambia el mantel, porque el nene se puso el plato de tallarines de sombrero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-5537752129284012895?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/5537752129284012895/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=5537752129284012895&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/5537752129284012895'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/5537752129284012895'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2008/07/un-sol-para-los-mozos.html' title='Un sol para los mozos'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-4215937621771906997</id><published>2008-07-28T16:00:00.001-07:00</published><updated>2008-07-28T16:08:24.107-07:00</updated><title type='text'>Sincericidio</title><content type='html'>Rendí el alma. Quemé las naves. Jugué la última carta, que quizá siempre fue la única, y me lancé en una estampida irreflexiva de párpados y dientes apretados, de corazón al galope, todo nervios.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rebalsé. Me desbordé por los cuatro costados en parrafadas babélicas que avanzaron impetuosas, que rehicieron sus pasos, que volvieron a avanzar, desbaratándome en el oleaje de un discurso aprendido de memoria, suicidándome a traición en el instante exacto en que resulta imposible volver el tiempo atrás. Atado de pies y manos me llevé al cadalso, mártir y verdugo, y con la lengua abrí mi pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me desnudé, abandonado y huérfano de mi mismo, tartamudeando una avalancha tras otra de juramentos, una antología de mis noches en vela mascando incertidumbre, hilvanando quimeras pluscuamperfectas de finales a pedir de boca, desangrando biromes sobre papeles fragantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alegué demencia, clamé misericordia. Intenté justificar la osadía de haber malvendido el alma a dioses y demonios por igual sin amagues de arrepentimiento, de haber puesto grilletes a mi voluntad mientras chapoteaba en las ciénagas del insomnio y del llanto, buscando el verso perfecto, la sintaxis áurea. Deslicé, en tono de confesión, que había fatigado oráculos a la espera de un gesto, una señal cualquiera que me indicara que ese y no otro era el momento exacto. Dije amor, dije locura, dije muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella me dedicó una sonrisa a media asta desde la cima de su pedestal, escatimando razones para perpetuar una amistad con sabor a farsa.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-4215937621771906997?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/4215937621771906997/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=4215937621771906997&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/4215937621771906997'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/4215937621771906997'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2008/07/rend-el-alma_5045.html' title='Sincericidio'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-5448197521667867023</id><published>2008-05-29T19:21:00.004-07:00</published><updated>2008-05-29T20:03:36.227-07:00</updated><title type='text'>Instrucciones...</title><content type='html'>Instrucciones para que un joven del Interior, recientemente emigrado a la Ciudad de La Plata a fin de cursar sus estudios universitarios (que luego abandonará por zángano), de modestos recursos pero ilimitada capacidad de deleite en las artes sonoras, viva en carne propia la experiencia (caída en el más trágico olvido) de comprarse un compact disc original de la banda que le gusta mucho, pero mucho mucho.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;ADVERTENCIAS&lt;br /&gt;- Las condiciones de residir en La Plata no son excluyentes. Podría Usted radicarse en cualquier otra ciudad, en tanto y en cuanto ésta se encuentre bien provista de tiendas de discos.&lt;br /&gt;- Es condición sine qua non que Usted posea un capital más bien escueto. Se sabe que, a la gente adinerada, despilfarrar treinta o cuarenta pesos no es una cosa que les quite el sueño.&lt;br /&gt;- Conviene, a los efectos didácticos de esta guía, que Usted provenga de un pueblito pequeño, en donde la adquisición de discos compactos se considere un mito urbano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hágase fanático de una banda&lt;br /&gt;El primer paso es, quizá el más difícil. Debe Usted anticiparse al hecho mismo del traslado por motivos educativos a una ciudad alejada, y cultivar un fanatismo casi fundamentalista por algún grupo musical. Es requisito, además, que el conjunto en cuestión presente características tales que dificulten el acceso a sus registros fonográficos. No es lícito hacerse fanático de –pongamos por caso- Adrian y los Dados Negros, porque es el tipo de banda que se escucha en cualquier pueblo del interior. En tal caso, bastaría con robárselo al tío fiestero de algún amigo, y lo que estamos buscando aquí es despertar en Usted un fervor con trazas de utopía. Sugerimos orientar la búsqueda hacia grupos tales como Jefferson Airplane, Cream, o Lou Reed, cuya discografía difícilmente pueda hallarse en los anaqueles de ninguno de sus conocidos.&lt;br /&gt;Otra opción menos puntual es cultivar la exaltación fervorosa por un género musical todo, aunque la aclaración del punto anterior sigue siendo válida. Evite el chamamé, la milonga surera o las canciones del Club del Clan, y oriente su búsqueda hacia el jazz, las bandas de sonido de las películas Kusturika, la chanson francesa o la música new age con influencias norcoreanas.&lt;br /&gt;Vale aclarar que para alcanzar estos objetivos supremos es menester que Usted se dedique a escuchar con atención toda la música extraña que pudiera llegar a sus manos, a fin de enamorarse de una pieza en cuestión, de un ritmo, una cadencia. Algo debe vibrar dentro suyo, indicándole que nada en el mundo podría conmoverlo más que esa combinación exacta de sonidos y silencios. De este modo, en concordancia con el instinto básico del hombre de siempre querer mas, cultivará la necesidad insaciable de conseguir un disco de eso que escucho (que pudo haber sido, en última instancia, la canción de una publicidad de chevrolet, la cortina de un programa de radio de AM o algo que iba escuchando un turista que lo levantó en la ruta cuando usted hacía dedo para ahorrarse dos pesos de micro).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sea un estudiante de escasos recursos en La Plata&lt;br /&gt;Ya se mencionó con anterioridad, pero no está de más repetirlo: no es necesario que resida Usted en La Plata, como tampoco es necesario que sea estudiante. Bien podría ser Usted un atorrante que vive de sus padres fingiendo que cursa abogacía cuando en realidad vende panes rellenos en Parque Saavedra. Lo fundamental es que provenga de un pueblito misérrimo donde no existan las disquerías, que esté ajustado de efectivo, y que se predisponga a matar a su madre con tal de conseguir tal disco compacto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encuentre el disco en cuestión.&lt;br /&gt;Ingrese en una tienda de discos, exultante, y dedíquese a revisar las bateas a conciencia. Muy pronto se hallará frente a grabaciones que invadirán los apartados rincones de su pasado reciente para invadirlos de una beatitud nostálgica: el de Los Cadillacs, que tiene el tema que sonaba en La Barraca Pub cuando le robó un beso a fulanita; un compilado con los grandes éxitos del verano, incluyendo la canción que ponía mengano cada vez que se juntaban a mirar revistas porno a escondidas de su vieja; ese de los ramones que es todo de versiones, que le gustaba tanto a sultano… y así.&lt;br /&gt;De buenas a primeras se topará Usted con un disco de la banda que adora. Notará entonces que le falta el aire, que la emoción lo invade inexorablemente. Pude lagrimear si quiere, pero con disimulo. Acto seguido, procederá a captarlo con todos los sentidos, incluso el del gusto, por mas asqueroso que pueda resultarle andar chupeteando el celofán todo manoseado por vaya a saber quien. Leerá con detenimiento el nombre de cada tema, asintiendo con cara de entendido, y sumará a vuelo de pájaro la duración de todos ellos a fin de calcular en el aire, y con regla de tres simple, a cuanto cotiza el minuto. Porque (y aquí viene lo feo) no podrá deja de notar que el precio del disco es exorbitante casi al mismo tiempo que asume que le será imposible continuar su vida normal en tanto no lo posea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tortúrse&lt;br /&gt;Diríjase al encargado, siempre con el disco en la mano, y pregunte si lo puede escuchar. Aquí pueden ocurrir tres cosas:&lt;br /&gt;a- El tipo tiene muy buena onda: pone el disco y deja que usted lo recorra a sus anchas.&lt;br /&gt;b- Las políticas de la empresa solo permiten que el cliente escuche los primeros diez segundos de cada tema, que es poco menos que nada. (sobre todo si los temas son de mas de cinco minutos, augurando variaciones infintas)&lt;br /&gt;c- Que el encargado se niegue terminantemente, haciendo gala de una crueldad inapelable que lo hace merecedor de las mas crueles torturas infernales.&lt;br /&gt;Independientemente de que suceda, y como es Usted un fanático incondicional, acabarán echándolo de la tienda, porque se hizo la hora de cerrar y Usted todavía esta allí, como petrificado, vigilando que –ya que a Usted no le es dado adquirirlo- no venga algún salame y se compre el disco frente a sus narices. (El tratadista Albert Schwaisse ha descrito minuciosamente esta psicopatía en su afamada obra ‘El perro del hortelano’)&lt;br /&gt;Regrese entonces a su hogar y recuente los cuarenta pesos que le quedan para terminar el mes. Maldiga a voz en cuello la decisión desacertada de gastar cinco pesos en un paquete de capelletinis, prométase dejar de fumar con un cigarrillo en la boca, revise el interior de los sillones en busca de una fortuna perdida que jamás poseyó, haga una lista mental de los amigos que podrían facilitarle el dinero para alcanzar su sueño, y experimente el desengaño al notar que el factor en común que amalgama a sus amistades variopintas es la insolvencia. Mientras tanto habrá de sonar de fondo un casete de la banda de sus amores, con el sonido pésimo de siempre, pero esta vez empeorado por las circunstancias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este punto Usted decidirá que nada en el mundo puede ser mas trascendental que adquirir ese disco, que para colmo es importado y sale el doble que cualquier otro. Dedique el resto de la noche a convencerse de que se puede vivir sin pormenores con una dieta a base de fideos con manteca y arroz con queso rallado durante diez días, que es lo que falta para que llegue la encomienda con refuerzos monetarios que sus padres remiten puntualmente, la primer semana de cada mes. Por último, abandónese al sueño profundo de los que ya no tienen nada que perder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Compre el disco&lt;br /&gt;Con el gesto altivo del que se ha enfrentado al destino y regresa vencedor abone la suma que se le pida, e incluso se puede dar el lujo de agregar un peso al derroche y aceptar la postal pintada por un tipo sin brazos, con cuya compra está Usted beneficiando a la Asociación de Pintores sin Brazos de la Provincia de Buenos Aires, según le informa el muchacho del mostrador.&lt;br /&gt;Acto seguido, regrese a su casa y escuche el disco hasta el hartazgo, sin tregua, durante un mes seguido. (Que es el tiempo reglamentario que se debe dejar pasar antes de prestarlo, como todo el mundo sabe).&lt;br /&gt;Recomendamos iniciar la exploración por el tema siete, que invariablemente será el mejor, como pasa siempre. En caso de que la obra solo llegue al tema cuatro (como suele ocurrir con las reediciones de viejos Long Plays de los setentas), elegir la pista tres.&lt;br /&gt;Es importante que memorice cada uno de los datos contenidos en el Let Book: ingenieros de grabación, agradecimientos, código de barras, artistas invitados, las marcas de instrumentos que auspician a los músicos, etc., a fin de que todas sus conversaciones giren sobre estos datos irrelevantes para el resto de los mortales.&lt;br /&gt;Créame lo que le digo: Usted experimentará eternamente un amor absoluto por ese disco, aunque ya no lo escuche nunca y lo tenga de posavasos en el escritorio de la computadora.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-5448197521667867023?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/5448197521667867023/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=5448197521667867023&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/5448197521667867023'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/5448197521667867023'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2008/05/instrucciones.html' title='Instrucciones...'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-4108791636395533113</id><published>2008-05-29T19:21:00.003-07:00</published><updated>2008-05-29T19:49:59.571-07:00</updated><title type='text'>Delirio de grandeza</title><content type='html'>De todos los preceptos despóticos que nos impuso mi padre en la niñez, el silencio a la hora de la siesta fue sin dudas el más sacrosanto. Los castigos por infligir este mandamiento fueron muchos y variados, yendo desde la penitencia de por vida a los rebencazos a mansalva.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Es curioso, pero mi viejo tenía la habilidad de permanecer dormido aún cuando el desfile del veinticinco de mayo pasara por la puerta de nuestra casa, con la banda del ejército desafinando la marcha de San Lorenzo y los ‘¡Viva la Patria!’ de rigor, espetados a voz en cuello por la totalidad de los habitantes del pueblo. Pero se me caía un lápiz al piso y a los cinco minutos se materializaba a mi lado, despeinado y en calzoncillos, lanzando espumarajos de angustia y buscando en los fondillos de mis pantalones una reparación a su orgullo mancillado de jefe de familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo dos hermanos: Santy, que donde veía un cable metía la mano, aprovechaba las siestas para conectar su improvisado estéreo a la batería del auto y escuchar música, bajito y a salvo. El Teto se dedicaba de lleno a no hacer nada, que es lo sigue haciendo hoy en día (se le pueden criticar muchas cosas, pero jamás su constancia). De modo que a mi me tocaba bailar con la más fea, teniendo en cuenta que desde mi mas tierna infancia me incliné hacia las actividades que pudieran llevarse a cabo en posición de sentado, con una mesa delante. Durante todas las siestas, indefectiblemente, mi viejo me escuchaba abrir la heladera, estornudar, ir al baño, tirarme un pedo, tararear una canción, bostezar, sonarme los mocos, y todas esas cosas que uno hace cuando es un niño sin adultos a la vista. Durante todas las siestas, indefectiblemente, mi viejo me hacía acreedor de alguno de sus celebérrimos correctivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como consecuencia lógica, acabé cultivando el arte del sigilo. Al principio mis logros fueron modestos: me bastaba con pasar desapercibido mientras hacía lo que estuviera haciendo. Aprendí a caminar apoyando primero la punta del pié y después los talones, a bostezar para adentro, a taparme la nariz justo antes de soltar alguno de mis atronadores estornudos, a girar los picaportes con delicadeza. Mis movimientos se tornaron metódicos y calculados. Mis reflejos, agudos y despiertos. Comprendí que hay que ejercer una presión recíproca hacia adelante y hacia atrás para que una puerta se abra sin estrépito, que hay que subir los escalones de uno en uno para no delatar nuestra presencia, que las botellas de gaseosa deben de abrirse lentamente, que hay que mear al bordecito del inodoro para que el pis no chapotee. Aprendí a sorprenderme en voz baja, a murmurar con un hilo de voz, a escandalizarme con la cacofonía de los loros que invadían cada otoño la arboleda del patio… Me hice silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El problema es que cuando uno es muy bueno en algo, tarde o temprano acaba buscando un desafío, algo que lo obligue a probarse, a demostrar su condición de mas mejor. &lt;br /&gt;Comencé introduciéndome en su habitación, con él durmiendo a ronquido suelto, que vendría a ser como colarse en el sanctasantorum del oráculo de Delfos cuando la pitonisa va al baño. Después me arriesgué un poco más, y le afané un número de la revista ‘Humor’ que tenía oculto bajo la cama, para devolverla completamente leída antes de que tuviera tiempo para darse cuenta. Cuando concluí en que el momento de la siesta había pasado a ser mi imperio, y no el suyo, me tomé la libertad de acercarme a su mesa de luz y adelantarle un poco el despertador, para ganar tiempo. Al fin, devenido en un adolescente fumador al que su padre no le suelta un céntimo por miedo a que se compre cigarrillos, supe infiltrarme de incógnito para esquilmar a conciencia los bolsillos de sus pantalones y la cajita donde acostumbraba guardar el cambio. A menudo, sin más preámbulos, me hacía de dos o tres de sus Chesterfields largos antes de escaparme a matar el tiempo con mis amigos, que jamás se olvidaban de apuntar que los míos eran cigarros de puta. Nunca se puso al corriente de mis arribos trasnochados y alegremente zigzagueantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos los chicos sueñan con poseer un don único, especial. Todos pretendimos alguna vez que la providencia nos regale una cualidad distintiva que nos separe del resto de los mortales. Yo descubrí que la mía es saber guardar silencio… algo pobre, quizá, teniendo en cuenta la multitud de sujetos que alimentan nuestras fantasías infantiles desafiando las leyes de gravedad, lanzando rayos, valiéndose de objetos fantásticos  o vistiendo calzoncillos por encima de los pantalones.&lt;br /&gt;Pero… ¿quién no se vanagloria de alguna misérrima habilidad incomparable?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-4108791636395533113?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/4108791636395533113/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=4108791636395533113&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/4108791636395533113'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/4108791636395533113'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2008/05/delirio-de-grandeza.html' title='Delirio de grandeza'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-4351295597093398353</id><published>2008-05-29T19:21:00.002-07:00</published><updated>2008-05-29T19:43:27.706-07:00</updated><title type='text'>De fabulas y leyendas</title><content type='html'>Cuenta la leyenda que hubo un mundo que supo anticiparse a los entresijos de escaparate que supone cada nueva edición de Harry Potter, bien a salvo de ficciones cinematográficas superpobladas de criaturas fabulescas, ayuno de fantasías de diseño, de redes globales y de juegos de video. Se habla de un tiempo surrealista, donde lo verídico no se andaba con empirismos de enciclopedia. Dicen que hubo una vez en que  todo era cierto hasta que se demostrara lo contrario.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Jóvenes ancianos insisten en la existencia reciente de una tierra en la que los espíritus se arracimaban en los rincones húmedos del galpón de las herramientas. Latitudes míticas donde ponzoñosas criaturas acecharon el sueño de los infantes, ocultas bajo sus lechos, los ojos centelleando en la penumbra. Épocas inverosímiles, de casas embrujadas y viejos de la bolsa, de gitanas pintarrajeadas que lo hacían desaparecer a uno bajo los velos de sus faldas, de ángeles de la guarda y dioses y demonios de cuerpo presente, de narices crecidas en conjuro con la mentira flagrante, de jugar con fuego y mearse en la cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue cuando los monstruos se hacían pasar por la sombra de rama de árbol que se colaba por la ventana, o por el ruido de un gato vagabundeando en el techo de zinc, o fingían que los pasos en el pasillo eran los de la vieja yendo al baño. Cuando los superhéroes prescindían de cableados ocultos y efectos especiales, de tan superpoderosos que eran. Cuando las pistolas de rayos, los policías buenos, las patinetas voladoras y el teleférico a la luna aguardaban como una certeza a cada vuelta de hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se comenta que había zapatillas que, recién estrenadas, te hacían correr más rápido y saltar más alto. Que si señalabas al arco iris se te caía el dedo. Que tal y cual octogenaria sospechada de ejercer la brujería  convivía como si tal cosa con toda suerte de aparecidos tétricos. Algunos no dudan en testimoniar la quimérica existencia de flores oraculares, con la supuesta propiedad de anticipar si se era querido mucho, poquito o nada. Otros se aferran a la fantasía de que allí se daban cita el amor ciego, el dulce dolor del desengaño, la promesa cumplida, el amigo más allá de la duda, las convicciones a rajatabla. Los más exaltados se atreven con delirios de tardes de sol que no sabían de alquileres atrasados ni facturas de luz vencidas, y que se desgranaban en horas interminables de fulbito, de escapadas al río, de batallas de agua en verano y guerras de nieve en invierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apuntan los habladores que las estrellas fugaces y las velas de cumpleaños concedían una tríada de deseos, que cruzar los dedos constreñía de súbito a los perros, que el contacto con un sapo deparaba el nacimiento de una o más verrugas. Que a veces bastaba con querer en tono de rabieta para poder, y otras veces para irse a la cama sin postre. Que había besos que alejaban al dolor y a la muerte, canciones que conjuraban al sueño, ficciones televisivas llamadas noticieros, torrejas para el desayuno y escones con canela y miel. Que repollos o cigüeñas, o semillas, o preguntále a tu mamá, que ella te va a saber explicar mejor que yo. Dicen que hadas madrinas, que ratones Pérez, que Reyes Magos y Papá Noel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen, y yo les creo... Porque aunque era muy chico, todavía me acuerdo un poco.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-4351295597093398353?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/4351295597093398353/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=4351295597093398353&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/4351295597093398353'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/4351295597093398353'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2008/05/de-fabulas-y-leyendas.html' title='De fabulas y leyendas'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-3903893623738822908</id><published>2008-05-29T19:21:00.001-07:00</published><updated>2008-05-29T19:40:10.722-07:00</updated><title type='text'>El futuro llegó hace rato</title><content type='html'>Los que ambicionaban un siglo XXI de vestiduras metalizadas, peinados estrambóticos y vehículos ayunos de legislaciones gravitacionales deben de estar por demás decepcionados, o bien revolviéndose en sus tumbas. Los avatares futuristas de Star Treck y las predicciones fatales de Nostradamus faltaron a la cita del cambio de centuria. Una desgracia para muchos, y una ventaja para los gerentes de marketing.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Las fantasías alimentadas por la industria del cine y la televisión se nos antojaron, a muchos de nosotros,  tan probables como para pretender toparnos con ellas a la vuelta de la esquina. El aquí y el ahora nos indican lo fatídico de nuestro error.  Estamos a años luz de la tele-transportación, de las cámaras holográficas, del auto fantástico, de los artilugios que viajan por el tiempo, de aquella utopía de libertad-igualdad-fraternidad, de las colonias marcianas, de los robots que se encargan de todo lo desagradable, de las potencias del norte bajo una espesa capa de hielo, del comunismo democrático…Pero, salvando estas y otras tantas distancias, no podemos negar que el avance proporcional con respecto a otras épocas se sale de molde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace cincuenta años (¡cincuenta años, nada mas!) nuestros antepasados se transportaban en vehículos pesados, ofensivos tanto al oído como al buen gusto. Estas ahora ancianas personas, que bien pudieran ser nuestros padres, tuvieron que lidiar con electrodomésticos de metal y vidrio, con perinolas en lugar de botones, con teléfonos de disco, con cableados cubiertos de tela embreada, con frágiles long plays y pesadísimos wincofones. Esta pobre gente imprimía sus libros con tipos móviles, toleraba periódicos en blanco y negro, escuchaba radio de onda corta para hacerse una idea de que pasaba en países remotos y míticos, como Alemania, Francia o el Uruguay. Estoicos pasajeros que soportaban meses a bordo de un barcucho que los cruzara el Atlántico, hacia la promesa de un futuro digno. Loables matronas con los gemelos de un jugador de fútbol profesional, moldeados en el augusto afán de pedalear una máquina de coser. Niños que fatigaban baleros, bolitas y pelotas de trapo para suplir la ausencia de videojuegos, de dibujitos animados, de pistolas a sopapitas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si esbozamos un cuadro comparativo entre aquella época y la nuestra, es probable que nos descubramos diciendo ‘¡que bárbaro, che!’. Nuestros automóviles son aerodinámicos, silenciosos, veloces y maniobrables. El 90% de los aparatos están resueltos casi íntegramente con algún tipo de plástico, con lucecitas y botones incorpóreos. Los teléfonos son cada vez más pequeños, cada vez más livianos, cada vez más distantes de su función primigenia. La fibra óptica y las tecnologías satelitales están desplazando al viejo cablerío (con algo de ayuda de parte de la gente que se los afana para vender el cobre). La imprenta de tipos móviles cedió su lugar al offset, que ahora se digitalizó, y finalmente vencimos a la homogeneidad monocromática: cientos de publicaciones a todo color invaden la calle a diario, la mayor parte de ellas con descollantes traseros femeninos ilustrando sus portadas. Internet, fugaces medios de transporte, e-mails, mensajes de texto… las distancias son una leyenda. La manufactura también lo es: hoy todo viene hecho, o listo para preparar. Quedan pocas madres de las que cocinan pucheros, de las que zurcen medias y dobladillos, de las que amasan tortafritas con los ruleros puestos. Se acabaron los pibes inocentones y las minas vírgenes de más de diecisiete años, tal es la velocidad con que se avivan, la desesperación de llevarse por delante a un mundo que más que correr rápido parece volar bajito. A favor o en contra, los cambios son abrumadores, como también lo es la velocidad con que se producen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicho lo cual, yo me pregunto: ¿Cómo puede ser que, después de tanto avance, los dentistas continúan extirpando muelas con una tenaza y a los tirones, el mismo método sádico e infame que se viene utilizando desde hace más de dos mil años?&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-3903893623738822908?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/3903893623738822908/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=3903893623738822908&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/3903893623738822908'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/3903893623738822908'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2008/05/el-futuro-lleg-hace-rato.html' title='El futuro llegó hace rato'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-491973301348487040</id><published>2008-05-29T19:21:00.000-07:00</published><updated>2008-05-29T19:35:45.658-07:00</updated><title type='text'>Estrategias básicas para simular una cultura literaria que no se posee</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;Portador de un gesto adusto, negando con la cabeza como si se resistiera a creerlo, un conductor de noticieros refiere la triste novedad: el argentino promedio apenas si lee un libro al año. Omite el detalle de que el argentino promedio no sabe que inventar para no morir de inanición, que viene al caso para explicar por que el argentino promedio, después de deslomarse catorce horas yugando para arrimarle unos fideos a la olla, prefiere atolondrarse mirando a Tinelli antes que desentrañar por que Zaratustra dijo lo que dijo. &lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Nadie duda que del saber literario se desprendan un sinnúmero de ventajas tendientes a mejorar la calidad de vida: confiere autoridad a la hora de zanjar discusiones, allana el terreno para la obtención de empleos ventajosos, deslumbra a las señoritas, sosiega a las suegras mal llevadas, provoca la envidia de los vecinos, facilita el acceso a ciertas tertulias en las que se sirven canapés y champán sin costo alguno, motiva el orgullo filial de las madres, y varios etcéteras que al fin y al cabo todos conocemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El problema es que, conforme avanza el tiempo, las editoriales no cesan en su afán de vomitar al mercado más y más obras imprescindibles. A esta altura del partido no es humanamente posible que una persona cualquiera, como usted o como yo, alcance a leer en una sola vida todo lo que es digno de ser leído.&lt;br /&gt;Pero Dios no cierra una puerta sin abrir una ventana: nos es dado fingir que somos personas leídas. Lo que sigue son algunos tópicos para ejercer éste engaño sin mayores contratiempos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MEMORICE: Haga el esfuerzo por fijar en su memoria algunos nombres de escritores reconocidos o de obras famosas. Repase diariamente las citas impresas en cada página de su agenda, o en el reverso de los almanaques.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CITE: Hecho el acopio de frases sueltas, de nombres rimbombantes o de títulos celebérrimos, ya cuenta usted con una herramienta por demás útil a la hora de encandilar al prójimo con una erudición que no es tal (y, si consideramos que es muy probable que el prójimo en cuestión sea tanto o más ignorante que usted, las ventajas ya sumarán dos).&lt;br /&gt;Puede usted citar frases completas, si se ha molestado en incorporarlas en su memoria a largo plazo. De ser así, es conveniente que las suelte como si tal cosa, sin aspavientos. El comentario ‘como dijo fulano de tal’ puede hacer las veces de introducción o desenlace del lirismo, con variantes tales como ‘citando a fulano de tal’, ‘ya lo dijera mengano’, o ‘no se equivocaba aquel poeta que dijo…’.&lt;br /&gt;Por otro lado, si apenas alcanza a recordar algunos apellidos sueltos, hay una técnica que jamás falla: adjudique a éstos la autoría de cualquier frase de ocasión que más o menos venga a cuento. Algunos ejemplos: ‘Coincido con el Señor Vargas Llosa: la paciencia es la madre de todas las virtudes’. ‘Debo decir, citando a Quevedo, que usted esta preciosa hoy, doña Josefina’. ‘es Virgilio quien habla por mi boca cuando afirmo: las mejores minas son las brasileras’. ‘Es que solo lo quiero como amigo, Juan Carlos… parafraseando a Alfonsina Storni, ¿vió?’&lt;br /&gt;Los ejemplos son incontables. Claro que el riesgo de ser descubiertos es mucho, pero disminuye conforme uno va aprendiendo como y cuando echar mano de ésta artimaña. Es importante no repetir autores, y evite abusar del recurso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SOLAPEE: Para evitar la contingencia de ser descubierto en orsai cuando se lo interroga acerca de tal o cual obra –que, por cierto, usted jamás habrá leído- la treta que mejores resultados suele proporcionar es el solapeo a conciencia. El mecanismo es el siguiente: siempre que pueda, arrímese a una librería y lea las solapas o el reverso de los libros, fuentes invaluables de información a la hora de pretenderse leído. Encontrará allí, además de un breve resumen de la obra, jugosos datos sobre el autor y la opinión de sus colegas o de la crítica especializada.&lt;br /&gt;Supongamos que se encuentra en un evento al que ha ingresado en calidad de colado. De pronto alguien lo aborda para conocer su opinión con respecto al libro ‘Las venas abiertas de América Latina’, tomándolo por sorpresa en el momento exacto en que se embuchaba el nonagésimo quinto sanguchito de miga. No sabe que decir, transpira, tartamudea algo acerca de Los Fabulosos Cadillacs. Finalmente, ocurre lo inevitable: todos los presentes voltean a observarlo mientras usted tose con desparpajo, nadie lo conoce, y acaban expulsándolo del ágape o llamando a la policía… De haberse tomado la molestia de solapear el mentado libro sabría usted que su autor se apellida Galeano, que nació en Montevideo en 1940, que fue el primer escritor galardonado con el Premio Aloa (creado por los editores de Dinamarca), que le gusta el fútbol, y que Carleton Beals (del ‘Monthly Review’, USA) opina que supera todo lo que jamás ha leído sobre el tema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;TEATRALIZE: Usted ya sabe, porque se lo escuchó decir a José Larralde, que cuantas más cosas se saben mas quedan por aprender. La erudición supone una duda constante, una necesidad imperiosa de responder a ciertos interrogantes que –paradójicamente- una vez resueltos se transforman en disparadores para una nueva multitud de gigantescas incógnitas.&lt;br /&gt;Si pretende pasar por intelectual, deberá cuidarse que el resto lo suponga perpetuamente cavilante, siempre sumido en un estado extático de reflexión. Concéntrese en un punto perdido en el horizonte, rásquese la barbilla, frunza el ceño. De tanto en tanto puede parecer repentinamente satisfecho, como si hubiera dado con algo, y hasta tomar apuntes en una libretita. Usted sabrá que lo observan, pero debe resistir y disimular. Aproveche, si quiere, para repasar la lista del supermercado, para rememorar la formación de Atlanta en el 87, paladee de antemano los ravioles del domingo, o disfrute imaginando desnuda a alguna compañera de oficina.&lt;br /&gt;No se deje sorprender. No faltará jamás el que le venga a contar un chisme, una anécdota jocosa, o aquel que busca compartir las impresiones de la última fecha del turismo de carretera. Usted: serio, o apenas una sonrisa de costado, compasiva. Es importante que el otro se haga a la idea que su entendimiento superior no se deja conmover por el cotilleo farandulesco, ni por los cuentos de cordobeses, y mucho menos por lo que pasó en la despedida de soltero del Cacho el fin de semana pasado, porque usted está para otra cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VERBALIZE: Si usted se considera VRUTO (así, con mayúsculas y ‘v’ corta), tendrá que comenzar por instruirse en el buen uso del castellano: cuando y donde está bien incluir o suprimir una ese, que palabras no deberían de finalizar jamás en ene, uso y abuso del ‘dequeísmo’ y los clichés, extirpación del lunfardo a troche y moche y cuestiones por el estilo.&lt;br /&gt;Superada esta etapa se encontrará a punto caramelo para incorporar vocablos retorcidos y de dudosa significación, que lo obligarán a repetir lo dicho como si su interlocutor fuera un completo ignaro.&lt;br /&gt;Los favoritos suelen ser: ‘paradigma’ en lugar de ‘cuestión’, ‘¡caramba!’ en lugar de ‘¡tomá mate, che!’, ‘tierno’ en lugar de ‘¡esto es una manteca!’, ‘discapacitado’ o ‘persona con capacidades diferentes’ en vez de ‘mogólico’, ‘desliz’ por ‘cagada’, ‘correctivo’ por ‘soplamocos’, ‘dicharachero’ en lugar de ‘jodón bárbaro’, ‘trabajadora de la noche’ reemplazando a ‘puta reventada’, ‘fascineroso’ por ‘chorizo’, ‘ristretto’ en sustitución de ‘un cafecito de morondanga’, ‘adicto’ en vez de ‘faloperito’, ‘taxi’ por ‘tási’… y la lista continua hasta el hartazgo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fin, siguiendo estos consejos básicos podrá usted aparentar sin temor a sonrojarse que supera la media nacional de un libro por año. Y si acaso no diera crédito a mis palabras, le apuesto diez contra uno a que el comentador de noticias del que hablábamos al principio de este extenso artículo se ha valido sabiamente de ellos para hacernos creer precisamente eso: que él mira la estadística desde afuera. &lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-491973301348487040?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/491973301348487040/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=491973301348487040&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/491973301348487040'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/491973301348487040'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2008/05/estrategias-bsicas-para-simular-una.html' title='Estrategias básicas para simular una cultura literaria que no se posee'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-3779242615561218810</id><published>2007-07-28T10:48:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T01:30:40.100-08:00</updated><title type='text'>Desengaños</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dk7-Z7Ukx6A/RrTTrPnfjKI/AAAAAAAAADk/BF4cHq8Fb4o/s1600-h/encabezado.gif"&gt;&lt;/a&gt;Hace mas de diez años tuve la oportunidad de conocer a un argentino que se había mudado a un país desarrollado (no recuerdo cual… Japón, por tirar un nombre) y que trabajaba en una fábrica de teléfonos móviles. Hasta ahí, nada del otro mundo. Lo que me llamó poderosamente la atención es que este tipo era el feliz poseedor de un celular que no era más grande que un atado de cigarrillos de diez, en una época en que los únicos teléfonos móviles que yo conocía eran un mito televisivo del tamaño de un paquete de yerba.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Supuse, como hubiera hecho cualquiera, que ese pequeño aparatito era un símbolo las distancias abismales que separaban nuestro magro desarrollo del de las potencias más encumbradas. El sujeto me desengañó sin amagues:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- En el Japón – me dijo – los celulares son iguales a los de acá. Esto es un regalo empesarial.&lt;br /&gt;- Pero… ¿Funciona?&lt;br /&gt;- ¡Por supuesto que funciona! Lo que quiero decir es que todavía falta para que se comercialize.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comprendí entonces que la vertiginosidad de los avances tecnológicos no se condice con la velocidad promedio con que se agota un segmento de mercado. Esta revelación, que hoy por hoy no es –o no debería ser- una novedad para nadie, me sirvió para sosegar los instintos habituales de los sujetos que a diario nos enfrentamos al sistema liberal de oferta y demanda. Desde ese momento, cada vez que alguna novedad futurista excita mi admiración, me resulta imposible dejar de imaginar cuanto mas sorprendentes serían los modelos que duermen en los depósitos de alguna fábrica taiwanesa, aguardando su turno de desplazar al modelo anterior.&lt;br /&gt;Me pasa hoy con los celulares, continuando con el ejemplo. Uno los ve cada vez más pequeños, con más lucecitas, con más funciones de improbable utilidad práctica, sensualmente aerodinámicos, irresistiblemente policromáticos, descollantes de polifonías variopintas. Y la gente, completamente embrutecida por el bombardeo publicitario de ‘si tenés este aparato sos mejor, más auténtico y te parecés a este flaco rodeado de minas’, cambia de teléfono de mes a mes, porque lo quiere con camarita, después con MP3, ahora con cepillo de dientes y mañana con proyector holográfico.&lt;br /&gt;Yo, poseedor conciente del saber revelador de que ya está todo inventado, pero se comercializa en cuotas, me deslizaba en ese maremagnum de consumismo desenfrenado sin dejarme atrapar, desenvuelto, todopoderoso e inexpugnable… hasta ayer, cuando paseaba indolente por las góndolas del supermercado, con la calma chicha del que sabe que es inútil hacerse mala sangre por que un frasco de café sale más caro que tres papeles de cocaína, hasta que un refucilo de un metro treinta se cruzó en mi camino, para desaparecer de pronto detrás de la góndola de los fideos. Cinco minutos después, el mismo bólido liliputiense se atravesó en el momento exacto en que me inclinaba para agarrar una lata de atún en oferta, y entonces pude verlo: era un niño. (Los que se criaron jugando con playmobiles y autitos duravit leerán las siguientes líneas con una mueca de escepticismo pintada en el rostro)&lt;br /&gt;El pibe, uno de esos mocosos que con solo verlos se sabe que son unos malcriados de mierda, tenía un par de zapatillas con rueditas. ‘¿Patines?’, indagará alguno… ¡No, señores! Eran zapatillas comunes y corrientes, pero en los talones tenían rueditas, de modo tal que el usuario pudiera escoger entre caminar como el resto de los giles, o deslizarse cómodamente, suscitando la indignación de las viejas y la incrédula envidia de los cuasi treintañeros que tuvimos que conformarnos con construir carritos manufacturados con cajones de manzana y ruedas de madera facilitadas por algún carpintero amigo para poder escurrirnos barranca abajo en nuestra lejana infancia.&lt;br /&gt;Lo perseguí por todo el supermercado, incapaz de dar crédito a tamaño prodigio, esquivando sin elegancia los changos que se me venían a contramano, mientras el chico ejecutaba piruetas impecables afectando indiferencia. El niño que hay en mí –un coloradito con corte taza, de lo más venenoso- se revolvía de bronca: jamás en la puta vida había considerado la posibilidad de que el mismo principio que regía la evolución de los teléfonos celulares era perfectamente aplicable a los juguetes. El recuerdo de la felicidad pasada, descollante de soldaditos de plástico, pletórica de pistolas a sopapita, abarrotada de autitos Piluqui y muñequitos articulados de G-I-Joe, se desmoronó de improviso ante la certidumbre de que algún malévolo comerciante especulaba con enriquecerse comercializando las zapatillas con rueditas en un futuro que me sería ajeno. Tamaña hijaputez me conmovió en lo mas hondo.&lt;br /&gt;Para cuando llegamos a la sección verdulería mi coloradito interior clamaba venganza a gritos, justo cuando el otro pibe –el de las rueditas- revoloteaba como un trompo alrededor de una cuarentona disfrazada de treintañera, que resultó ser su madre, y que lo amonestó sin convicción con el argumento de que se iba a terminar rompiendo la cabeza si no la cortaba con el patinaje entre las góndolas. El mocosito le sonrió como si la cuarentona fuera una discapacitada mental, y salió disparado para el lado de los lácteos. El odio me carcomió el cerebro: mi vieja me hubiera sentado de un sopapo y a otra cosa mariposa.&lt;br /&gt;Me alejé con la intención de no pensar mas en el asunto, pero me lo volví a encontrar al lado del papel higiénico. Nuestras miradas se cruzaron en un instante fugaz, lo suficiente como para darme cuenta de que él era conciente de mi sufrimiento, que me estaba gozando, que se sabía superior. Podía leer en sus ojos: ‘Se te pasó el tren, colorado. Vas a tener que vivir con la vena de no poseer jamás unas zapas tan copadas como estas’. Me sentí un viejo choto, lo confieso. Dos metros mas allá, a la altura de las pastillas para inodoro, divisé a un par de chicos ancianos, mas o menos de mi edad, que atravesaban el mismo trance. También ellos parecían defraudados. Nos dedicamos una sonrisa torcida. Uno me pidió la hora, como para estrechar el vínculo, para establecer contacto con un gesto mundano, pero que leído entre líneas significaba ‘yo te entiendo, a mi me pasa lo mismo’. Sintiéndome menos solo, decidí proseguir mis compras como si nada.&lt;br /&gt;Fue imposible. El desgraciado prescindió de cualquier tentativa de disimulo y se deshizo en acrobacias frente a mi. Me perseguía, me acosaba, disfrutaba infinitamente de mi pesadumbre, siempre con una media sonrisa socarrona. ‘¿te caíste del catre, viejito?’, decían sus ojos de hielo. ‘Mirá lo que te perdiste. Juná como agarro esta curva. ¡Como te hubiera gustado, no?!’. Mientras tanto, el coloradito con corte de Carlitos Balá me gritaba, imploraba por un resarcimiento inmediato y cruel: ‘Hacélo mierda, boludo. ¿No ves que nos está gozando?. Revoliale una lata de algo, escupilo, tirale del pelo, cruzale el changuito… ¡lo que sea!’&lt;br /&gt;Le hice una zancadilla. Una cortita, imperceptible, fugaz pero efectiva zancadilla, que lo hizo volar como tres metros para estamparlo contra una de esas torres de latas de duraznos que nunca faltan el los supermercados más concurridos. Y lloró como un marrano, mientras la madre lo levantaba de un tirón y le sacudía un sopapo tras otro, al grito de pendejo de mierda, mirá la cagada que te mandaste, lareputamadrequeteparió, y eso que te dije que te dejaras de joder, me cago en la puta madre, no bien volvemos a casa te tiro esas zapatillas a la basura, y dejá de llorar que te doy otro. Y justo cuando temía ser descubierto, porque el pibe me entró a señalar entre hipos y mocos, el flaco de las pastillas de inodoro, el que me pidió la hora, surgió de la nada y comentó como para que todo el mundo lo escuche: ‘Yo le dije que se iba a terminar cayendo, pero no me hizo caso’. Adiviné que había presenciado mi emboscada, y que su intervención formaba parte de una estratagema para que yo pudiera huir invicto.&lt;br /&gt;Lo volví a encontrar en la cola para menos de diez unidades. Le sonreí, agradecido por el gesto. Él me dio una palmada en el hombro (el saludo de un compañero de armas, del que es tu hermano en la fatalidad) y me dejó pasar primero.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-3779242615561218810?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/3779242615561218810/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=3779242615561218810&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/3779242615561218810'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/3779242615561218810'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2007/07/con-los-chicos-que-fuimos-no_28.html' title='Desengaños'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-6317978212809005903</id><published>2007-07-28T10:29:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T01:30:40.118-08:00</updated><title type='text'>Valentín</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dk7-Z7Ukx6A/RrTT_vnfjLI/AAAAAAAAADs/aG6bdfPUtoM/s1600-h/encabezado.gif"&gt;&lt;/a&gt;Cuando gente menciona a su hijo, a la mamá de Valentín se le hincha el pecho como un globo, sonríe con toda la boca y se le ven los dientes manchados con pinta labios. Y es que cuando la gente habla de Valentín solo dice cosas lindas, cosas como para que a una madre se le paren los pelitos de la nuca y se haga pis a chorritos. Porque, aparte de ser bueno y educado y rubio de ojos azules, Valentín es un niño prodigio. Uno de esos pibes que no alcanzan a decir su primera palabra y ya están haciendo divisiones de dos cifras, leyendo el diario de corrido o memorizando las capitales de los países.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Cuando la gente menciona a Valentín, su mamá se apura a contar alguna anécdota de esas que en cualquier otro caso serían más bien humillantes, pero como Valentín es el protagonista todos se quedan con la boca abierta. La mamá de Valentín cuenta como, enseguidita nomás, dejó de usar los pañales para hacer caca solo en el inodoro, como una persona grande, y que se limpia la cola en el bidet. O si no saca un montón de fotos de cuando era bebé, para que vean lo precoz que era. En algunas él está desnudo tocando el piano, en otras se lo ve escribiendo un soneto, con un dedo metido en la nariz. Hay una que a todos les causa mucha admiración, porque se lo ve ayudándolo a su primo Javier, un grandote de mirada extraviada, con las tareas de la escuela. En esa foto tiene toda la cara enchastrada de postrecito Shimmy, pero nadie se detiene en ese detalle.&lt;br /&gt;Otras de las cosas que la mamá de Valentín saca de la cartera cuando se habla de su hijo son dos fotocopias. Una fotocopia del documento, para que todos sepan que tendría que estar en la salita azul, y otra del boletín de quinto grado, para que no queden dudas de lo adelantado que está. Así se terminan de convencer de que Valentín es prodigio.&lt;br /&gt;Pero cuando la gente la visita en su casa, a la mamá de Valentín no le alcanza el cuerpo para contener tanto orgullo, y eso que es una señora algo rellenita. Cuando le llegan visitas, la mamá de Valentín revolotea de acá para allá como un colibrí, llevando y trayendo tazas de té y masitas secas. Pero también aprovecha, porque juega de local y no tiene que estar sacando cosas de la cartera para que todos abran la boca bien grande. Y es que toda la casa es un Museo Valentiniano, una expo-hijo-prodigio. Como si fuera el Cabildo, pero en lugar de patriotas patilludos lo que se ve por todas partes es a Valentín. Hay cuadritos con noticias recortadas del diario, donde lo anuncian como a una maravilla, y también hay otros con diplomas y certificados de muchas cosas: de inglés, de ajedrez, de música, de concursos de poesía y pintura, de las olimpiadas de geometría, de computación… Además hay fotos con gente famosa que lo vino a conocer, racimos de medallas, copas y trofeos. Porque Valentín no es prodigio nada más que en las cosas de la escuela. También es prodigio en los deportes.&lt;br /&gt;A la mamá de Valentín no le importa tanto lo de los deportes, pero al papá se le pone colorada la cara desde el cuello cada vez que lo ve en la cancha, no importa a que esté jugando. Porque Valentín la rompe, la rompe en serio. Al básquet, al volley, al fútbol, a la bolita, a saltar alto y correr rápido, a ver quien escupe más lejos y quien puede escribir el nombre de una sola meada… a lo que sea, Valentín la rompe. Hasta lo vinieron a buscar de Boca y de San Lorenzo, para que juegue en las infantiles y se vaya haciendo bueno, pero la mamá no quiso porque dice que Valentín va a ser científico, o médico, o abogado. Cualquier cosa menos futbolista, que es para los pibes cualunques –dijo- y no para Valentín, que se merece un futuro grande de verdad. Y los dos, Valentín y su papá, lloraron a moco suelto. El papá lloró porque quería que el chico juegue en Boca, que es el club que le gusta, y porque así iban a ser ricos. Él quiere se rico para no tener que trabajar más de colectivero, que parece que es un laburo de mierda porque todo el mundo se enoja con vos y habla mal de tu mamá.&lt;br /&gt;Valentín lloró porque, en realidad, todo lo de ser prodigio es una mentira. El mismo me lo contó, en el galponcito de las herramientas que está en el fondo de casa. Yo me estaba fumando a escondidas un Jockey Suaves que le afané a mi tío, y el aprovechaba para comer tierra, que es un vicio secreto que tiene. Entonces me contó que todo era un engaño, que él no era nada prodigio.&lt;br /&gt;-Yo no soy… me hago, nada mas- confesó&lt;br /&gt;Lo miré con cara de boludo sorprendido, supongo, porque él dio por entendido que me tenía que explicar.&lt;br /&gt;-Lo que pasa es que yo a mis papas ya no los aguanto, viste, y me quiero rajar cuanto antes… por eso me puso tan mal que no me dejaron irme a jugar a Boca. Era una gran oportunidad para mandarme a mudar y sacármelos de encima…&lt;br /&gt;Nos quedamos un rato sin decir nada. Aproveché para toser, lagrimear un poco, y largar el humo sin ninguna elegancia. Valentín hacía globitos de moco con la nariz. Después, suspirando, me dijo:&lt;br /&gt;-Ahora, la única que me queda es esperar a cumplir doce años y terminar el secundario. Capaz que me dan una beca y me voy a la mierda, a estudiar en alguna universidad de Estados Unidos… ¡Sabés que bueno, a chiquimil quilómetros de mis viejos y tan cerca de Disneylandia!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-6317978212809005903?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/6317978212809005903/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=6317978212809005903&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/6317978212809005903'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/6317978212809005903'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2007/07/valentn.html' title='Valentín'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-3704442185490599748</id><published>2007-07-28T10:28:00.000-07:00</published><updated>2008-05-29T19:27:52.235-07:00</updated><title type='text'>Cucarachas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Se conoce que no hay una criatura viviente sobre la faz de la tierra con mayor capacidad de adaptación e instinto de supervivencia que cierta especie del reino animal: un insecto artrópodo, del orden Blattodea y de la familia de los Blattidos, más y mejor conocido como la cucaracha.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;El hallazgo de antiquísimos fósiles de estas criaturas, que datan de épocas anteriores incluso a los hercúleos dinosaurios, nos da una pauta de su éxito a la hora de evitar la extinción. Tanto más cuando constatamos cuan amplia y abundantemente distribuidas se encuentran a lo largo y a lo ancho del orbe. Geólogos de la Universidad de Ohio, en Estados Unidos, notificaron en 2001 el hallazgo de un fósil completo de una cucaracha que habitó la tierra hace 300 millones de años. Estos datos quizá resultarían menos abrumadores a la opinión pública si se tratara de un mastodonte quimérico y convenientemente extinto. Sin embargo, el hecho de que se esté hablando de una criatura que hasta el día de hoy continua transcurriendo sus días en un mundo que tiende a renovar el stock y la diversidad de sus habitantes cada cierta cantidad de millones de años, no puede menos que dejarnos atónitos. Y aun más si se añade que las modificaciones evolutivas en la morfología de la cucaracha han sido mínimas con el devenir de la eras. Renombrados entomólogos alemanes, abocados a un concienzudo estudio de la Blatella Germánica, arriesgan la hipótesis de que la única alteración física que ha experimentado el insecto es la depresión y el alargamiento de su cuerpo. Esta tendencia a aplanarse se encontraría en estrecha relación con la convivencia del insecto y el ser humano: responde, según parece, a la necesidad del insecto a deslizarse sigilosamente por debajo de las puertas.&lt;br /&gt;La coexistencia del hombre con la cucaracha dista de ser pacífica. Aun cuando algunos antropólogos no dudan en sugerir que ambas especies lograron, en primera instancia, un cierto entendimiento simbiótico, la comunidad científica en general coincide en que la rivalidad humano/cucaracha tiene su origen en el origen mismo de humanidad. En su controvertida relectura de las teorías evolutivas de Darwin, el paleozoologo suizo Hans Schreden llega al extremo de sugerir que los primates dieron el salto de los árboles a la sabana con la sola intención de dar muerte a pisotones a estas indóciles alimañas, que tanto abundan en el África Central. Schreden indica que, a fin de depurar ésta técnica de exterminio, los homínidos primitivos se vieron forzados a adoptar la posición erguida.&lt;br /&gt;La causa de ésta atávica animadversión del hombre hacia la cucaracha ha sido causal de ardientes debates, cuyos rescoldos humeantes continúan encendidos. Dos puntos de vista se imponen sobre la multitud variopinta de teorías y especulaciones: Por un lado, que el afán de suprimir a las cucarachas deviene de cierto homocentrismo, que impide a las personas asimilar la idea de que existe un futuro que les será negado, un futuro en que las cucarachas serán soberanas. Por otro lado, aunque también encontramos aquí la idea del hombre como principio rector en un mundo que supuestamente le ha sido dado a consignación con exclusividad sobre las demás criaturas, se cree que quizá alberguemos un encono inconsciente en contra de estas sabandijas en tanto que parece ser la única especie que no hemos logrado extinguir, aun cuando nos los proponemos fervientemente.&lt;br /&gt;Sea como fuere, es incuestionable la existencia de un odio irracional que ha mantenido a ambos bandos en constante pié de guerra, desde tiempos arcaicos. Ya en los siglos XV y XVI la Santa Inquisición dictaminaba el carácter dañino y pecaminoso de las cucarachas, proclamándolas agentes del Enemigo y alentando persecuciones y matanzas crudelísimas. Con similares argumentos, aunque con mayor éxito publicitario, se exhortó al exterminio metódico de judíos, moros, pordioseros, indígenas, bizcos, tartamudos, enanos de feria y pelirrojos (Con tamaño éxito en éste último caso que ya quedan pocos ejemplares con vida).&lt;br /&gt;La ciencia –hay que decirlo- contribuyó significativamente a estigmatizar a los ya impopulares insectos, divulgando sin tapujos ni amagues su tendencia malsana a transmitir enfermedades y pasearse por los desperdicios como si tal cosa.&lt;br /&gt;Finalmente se alcanzó un grado de fundamentalismo suficientemente exacerbado como para que los fundamentos estuvieran de más. El populacho enardecido se dio al hábito de combatir a las cucarachas sin comos ni porques, evolucionando a pasos agigantados los mecanismos para darles muerte. A los zapatazos azarosos se sucedieron armas químicas cada vez más sofisticadas y fulminantes, que no solo atentan contra los adultos de la especie, sino que van por más y jaquean a su oculta y multitudinaria progenie. Generaciones enteras de hombres y mujeres se dieron a la caza indiscriminada de estos lucífugos artrópodos, al grito de ‘la cucaracha, la cucaracha, ya no puede caminar’. Inútiles han resultado las campañas de concientización y resguardo iniciadas por organismos ecologistas tales como el CRP (Cockroach Research Program), o la SACFO (South American Cockroach’s Friens Organization). Las cucarachas siguen siendo objeto de cruentas persecuciones en todos los rincones del Orbe.&lt;br /&gt;Y, sin embargo, el éxito de la campaña exterminadora está lejos de concretarse. Las cucarachas siguen habitando cada rincón húmedo del mundo, arrastrándose sigilosas en la oscuridad, escrutando con sus múltiples extremidades en nuestras sobras, correteando impunemente por baldíos y zaguanes, asomándose voluptuosas y exoesqueléticas a través de las rejillas de los baños, sobrevolando (solo los machos, porque las hembras tienen las alas demasiado cortas) los calores viscosos de las plazas en verano, reproduciéndose constantemente sin preocuparse por evolucionar en lo más mínimo, riéndose a mandíbula batiente de los estúpidos humanos que agotan su ingenio para alcanzar una utopía.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-3704442185490599748?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/3704442185490599748/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=3704442185490599748&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/3704442185490599748'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/3704442185490599748'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2007/07/cucarachas_28.html' title='Cucarachas'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-5713293045045691049</id><published>2007-07-28T10:25:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T01:30:40.130-08:00</updated><title type='text'>La infancia es la patria</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dk7-Z7Ukx6A/RrTURvnfjNI/AAAAAAAAAD8/vtGqM_q90ic/s1600-h/encabezado.gif"&gt;&lt;/a&gt;Unos días después de mi sexto cumpleaños toda mi familia se trasladó desde la distante e inhóspita Ushuaia, hasta la apenas más cercana y significativamente más inhóspita Villa Futalaufquen, el minúsculo centro urbano y administrativo del Parque Nacional Los Alerces, en la Provincia del Chubut. Mi viejo trabajaba en Parques Nacionales, lo que implicaba llevar una vida trashumante de paraíso natural en paraíso natural.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Si uno visita hoy en día la Villa, se encontrará con un pueblito pintoresco y acogedor, recostado en la falda de la cordillera, como un diamante engarzado en medio de una naturaleza que no sabe de efectos invernaderos, de talas indiscriminadas ni de peligros de extinción. Una verdadera maravilla…&lt;br /&gt;A decir verdad, cuando mi familia se mudó ahí las cosas estaban más o menos igual, salvo por algunos detalles menores: en lugar de gas, de teléfono, de supermercados, de hospital, o de iglesia teníamos leña, radio de onda corta, la despensa de Don Monge, una salita de primeros auxilios sin doctores y una capilla muy pintoresca, sin cura.&lt;br /&gt;Al principio nos sentimos como el indígena que descubre que le han dado oro por baratijas, pero llegamos a acostumbrarnos e incluso a disfrutarlo. He aquí un repaso fugaz de lo que era nuestra vida en aquellos días lejanos, en aquellas latitudes de fábula:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Todos los días, bien temprano, mi vieja nos mandaba a lo de Doña Eloisa, o a lo de los Tardón (la hija menor, Malvina, fue mi primera novia) a comprar el desayuno. El pan se hacía en horno de barro, y la leche se servía al pié de la vaca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cincuenta kilómetros de ripio nos separaban del pueblo más cercano (Esquel, donde cursé el secundario). Cincuenta kilómetros que recorríamos cada quince días para hacer las compras y alquilar videos de dibujitos animados, que aprendíamos de memoria (me se ‘Faivel, el ratón americano’ de punta a punta, con canciones y todo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Todo andaba a leña. Si te querías dar una ducha tenías, primero, que alimentar una caldera insaciable. Para no desperdiciar agua caliente, mi vieja nos bañaba a los tres hermanos juntos, sin desvelarse por los traumas que esa costumbre infame pudiera acarrear.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Como no había tele, no te quedaba otra que leer o atorrantear, dos actividades en las que acabé siendo muy ducho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy vivo en La Plata. Dos mil kilómetros de distancia se interponen entre la Villa Futalaufquen y yo. Quince años de progreso me separan de aquel pasado retrogrado y bárbaro. Tengo celular, banda ancha, tele, un abanico de estaciones de radio para elegir, calefactor de tiro balanceado. Con solo girar una perinola, mágicamente, el agua caliente viene a mí. Hay un teléfono público y tres locutorios por cuadra, una sucursal de Disco y otra de la Iglesia Católica Apostólica Romana a dos calles de mi departamento, y la seccional Novena a la vuelta de la esquina. Hay delivery de comida, de sexo, de porro, de alcohol… pero a mi me da fiaca bajar siete pisos en ascensor, así que me preparé unos fideos blancos con manteca… No logro decidir si debo sentir nostalgia por lo que fui, o vergüenza por lo que soy.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-5713293045045691049?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/5713293045045691049/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=5713293045045691049&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/5713293045045691049'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/5713293045045691049'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2007/07/la-infancia-es-la-ptria.html' title='La infancia es la patria'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-582345566318974865</id><published>2007-07-28T10:23:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T01:30:40.135-08:00</updated><title type='text'>Vicios</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dk7-Z7Ukx6A/RrTUf_nfjOI/AAAAAAAAAEE/_vobfc1vPck/s1600-h/encabezado.gif"&gt;&lt;/a&gt;Mas o menos a los ocho o nueve años agarré el primer libro de en serio, de los que vienen llenos de letras y sin otro dibujo que el de la portada. Era uno de Emilio Salgari, de la célebre colección Robin Hood, y fue amor a primera lectura (No con Salgari, por supuesto. Me refiero a la literatura en general). Desde entonces no pasa un día en que no lea algo, y los libros –comprados, obsequiados o limpiamente sustraídos a amistades y bibliotecas públicas- me han acompañado incondicionalmente. En ocasiones soy tan impertinente y desaforado que llego al extremo de pretender escribir mis propias líneas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;Varios años antes, en una infancia aun mas tierna, ya me había dado por mamarrachear cuanto pedazo de papel se me cruzara por el camino. El ejercicio autodidacta del garabato absorbió tardes enteras de mi vida, desde los primeros intentos con los marcadores mágicos –que cambiaban de color cuando le pasabas uno blanco, que era el que estaba lleno de magia- hasta las verborragias pictóricas de carbonilla o acrílicos. Estudié diseño porque estaba ahí nomás de ser una Bella Arte, así me ahorraba un futuro de muerto de hambre sin tener que alejarme demasiado de la plástica (lo se… el destino es cruel e irónico)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los quince fumé el primer cigarrillo, un poco para probar, pero también para que mi vieja se creyera que al nene se le había dado por el mal hábito del tabaco. El plan era mezclar colillas blancas de Derby suaves entre las marrones de Marlboro que se amontonaban en el cenicero, así ella iba a pensar que yo fumaba, y cuando me exigiera dejarlo la chantajearía, obligándola a hacer lo mismo. Me salió como el traste, porque con la primera pitada me volví un adicto irredimible, y lo sigo siendo hasta el día de hoy… la buena noticia es que mi vieja se dejó chantajear, y ya no fuma mas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No estoy muy seguro de cuando le dejé de sentir a la cerveza ese gustito amargo que tiene al principio, hasta que uno se acostumbra y sucumbe. Si sacara la cuenta de todas las que ingerí desde ese entonces los de la cervecería Quilmes me nombrarían socio honorario, porque los debo de haber sacado de más de un bajón financiero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al mate lo agarré de grande, como a los dieciocho, ya emigrado a La Plata y viviendo solo. Me tuve que comprar el equipo –mate, bombilla, pava y yerba- porque nos juntábamos a estudiar en casa, y la muchachada no se aguantaba la abstinencia. Los primeros dos meses tenía tal cagadera que parecía una canilla sin cuerito, pero con el tiempo me acostumbre. Hoy puedo pasarme tres días sin comer, a puro amargo, cigarrillos, y alguna excepcional galletita de agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esos primeros tiempos de cagar mucho y verde fue que la conocí a la Pitu. Me le fui arrimando de a poco, con la paciencia del cazador experimentado, midiendo el terreno y calculando bien el zarpazo… Zarpazo que finalmente dio ella, entre los vahos etílicos de una de esas noches que no deberían terminar nunca. De aquello a esta parte ya suman casi siete años, con altas y con bajas, pero siempre con la firme convicción de no querer dejarla jamás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, haciendo repaso y considerando los antecedentes, me da por sospechar que lo mío no es holgazanería crónica, o inmadurez recurrente, o un obsceno regodeo en agarrar para el lado de los tomates. Mi problema, mi verdadero problema, es que tengo miedo a hacer las cosas como Dios y la Patria lo demandan… y que se me termine haciendo vicio.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-582345566318974865?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/582345566318974865/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=582345566318974865&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/582345566318974865'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/582345566318974865'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2007/07/vicios.html' title='Vicios'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-8600316265718470723</id><published>2007-07-28T10:21:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T01:30:40.143-08:00</updated><title type='text'>You're going to reap just what you sow...</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dk7-Z7Ukx6A/RrTUnvnfjPI/AAAAAAAAAEM/Vvb9u-vIpyo/s1600-h/encabezado.gif"&gt;&lt;/a&gt;La musa que me asiste es por completo vacilante e impredecible. He llegado a pensar que atiende a más de uno, y que la fatalidad me ha colocado al final de su cuadro de prioridades. Insiste en desatender mis llamados más vehementes para presentarse luego, cuando ya es demasiado tarde, o pronto, o irremediablemente inoportuna.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Pasé días enteros aplastando el culo en frente de la computadora, o gastando una carbonilla entre los dedos, siempre con el gesto adusto del que está por sacar una obra maestra de la galera, aguardando expectante que mi musa me susurre algo al oído. Todo para que la muy desgraciada me deje siempre a gamba.&lt;br /&gt;No obstante, jamás deja de atormentarme en las situaciones más inconvenientes. No hay un domingo a la noche –muy a la noche- en que no se me aparezca, justo cuando me estoy cepillando los dientes para abandonarme al sueño breve de los que madrugan a las puteadas. Está en todas mis borracheras, y desaparece al día siguiente, como suele ocurrir a los recuerdos de cualquier gesta etílica. A veces se disfraza de comentario casual en un asado, me asalta en mitad de la verdulería, o se enreda en el humo del cigarrillo que sucede a la lid amorosa. Siempre inoportuna, cuando tomar apuntes o bocetar de prisa es poco ético, escasamente romántico, o concretamente imposible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ocasiones parece redimirse, pero solo finge. Viene cuando se la llama, inspira que da gusto, se queda un rato largo… y termina saliéndote con un martes trece. Una vez me sopló un argumento para un cuento, un cuento que se hizo largo, que de pronto tuvo un no se que de novela breve y genial, y acabó rebelándose como un plagio de La Hojarasca de García Márquez. También me hizo creer que en la mezcla del cubismo y cierta actitud minimalista el diseño podría llegar a redescubrirse, para desayunarme más tarde que muchos de mis laburos eran calcados de los de Saul Bass. Porque eso sí: a la hora de valerse de la inspiración ajena, mi musa no se anda con chiquitas. No te va a venir con berretines de fulanos a los que no los lee ni la madre, ni con los brochazos a mansalva de cualquier hijo de vecino. Ella se codea con las musas de los grandes, no se si para darse importancia o por puro placer de arruinarme la creatividad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi musa es mentirosa, charlatana, farsante y embustera. Aparenta constantemente, simula, exagera sin que le pese en la conciencia. Defeca, lisa y llanamente, tanto en la verdad como en los derechos de autor. Su único talento es la patraña. Es cínica, retorcida, sarcástica, mal hablada, herética, socarrona, insolente, intransigente, pedante, amoral y sobradamente apática…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cosecharás tu siembra, que le dicen…&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-8600316265718470723?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/8600316265718470723/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=8600316265718470723&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/8600316265718470723'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/8600316265718470723'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2007/07/youre-going-to-reap-just-what-you-sow.html' title='You&apos;re going to reap just what you sow...'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-9210245158388198692</id><published>2007-07-28T10:20:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T01:30:40.149-08:00</updated><title type='text'>Libre albedrío</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dk7-Z7Ukx6A/RrTUvPnfjQI/AAAAAAAAAEU/wANRm2DGLi4/s1600-h/encabezado.gif"&gt;&lt;/a&gt;Podría decir que últimamente he frecuentado ciertos textos teológicos relacionados con el libre albedrío, para confrontarlos luego con las perspectivas filosóficas acerca de la libertad trazadas por pensadores de la talla de Karl Marx o Baruch Spinoza. También está la posibilidad de fingir que, yendo aún más allá, he llegado a analizar las teorías científicas que a este respecto han elucubrado Benjamín Libet, Álvaro Pascual Leone, y el mismísimo Desmond Morris en conjunto con su equipo de antropólogos y el gorila pintor de nombre Congo…&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que todos estos datos fueron extraídos a vuelo de pájaro de un artículo publicado en Wikipedia, cuya desmedida extensión me bastó como argumento para omitir una lectura cabal. Pero de todos modos me atrevo aventurar alguna idea peregrina acerca del libre albedrío, motivado principalmente por haber visto hace no mucho la película ‘Todo poderoso’ (‘Bruce Almighty’ en su título original), en la que un fulano cualquiera interpretado por Jim Carrey se hace con los poderes de Dios. Morgan Freeman, encargado de personificar a la mencionada deidad, establece como condición sine qua non la prohibición lisa y llana de interferir con el libre albedrío de las gentes. Durante el resto del filme, Carrey se encargará de estropear el delicado orden cósmico, invitando al espectador a carcajearse con sus morisquetas.&lt;br /&gt;La teoría cristiana de que Dios no se entromete en las voluntades de su rebaño me fue transmitida en tono de verdad inapelable por el padre Piero, uno de los tantos encargados de mi adoctrinamiento religioso en el transcurso de mis estudios secundarios en el Colegio Salesiano San Luis Gonzaga de la ciudad de Esquel. Según este devoto párroco (cuyo acerbo cultural resultaba ser inversamente proporcional su nauseabundo hedor) el Señor da al hombre la posibilidad de transcurrir durante un breve período en la tierra como mejor le plazca, a sabiendas de que todo lo que haga será sopesado a la hora de su muerte, para determinar si habrá de merecer el cielo o el infierno como estancia fija por el resto de la eternidad.&lt;br /&gt;Pero he aquí un dilema que preferí callar en su momento, habida cuenta de que el padre Piero acostumbraba castigar con rigor a los desaforados que le salían con alguna pregunta retorcida: ¿Cómo encaja el amor dentro de éste esquema?&lt;br /&gt;Es de público conocimiento que el amor tiene cierta traza de fatalidad, en tanto que acostumbra presentarse como una contingencia, como algo inesperado. Uno no elige enamorarse, como tampoco elige que un colectivo de la línea 142 lo levante como sorete en pala. Aventurándonos aún más allá, encontramos que el advenimiento del amor es un suceso por completo ineludible, a diferencia de la gran mayoría de los incidentes que implica la cotidianeidad, que bien pueden evitarse con una justa dosis de precaución.&lt;br /&gt;No nos es dado escoger cuando, donde ni a quién amaremos como posesos, y en ocasiones tampoco alcanzamos a justificar un por que. No existen subterfugios para evitarlo. Tampoco hay límites que circunscriban lo que una persona enamorada es capaz de hacer o dejar de hacer para ser correspondida. Antonio Quijano (Alias Don Quijote) se atrevió a todo para ganar un lugar en el corazón de una tal Dulcinea del Toboso, a la que solo contempló en contadas ocasiones. Zeus, todo un dios griego, se transfiguró en cuanta criatura inferior le vino a cuento con tal de satisfacer sus desvaríos amorosos. Salvador Dalí declaró que no alcanzaba a comprender como el resto de los artistas podían hallar la inspiración sin contar con el amor de Gala. Alejandro (o Paris, si prefieren) condenó a diez años de guerra seguidos de derrota al pueblo de Troya, todo por permanecer junto a su amada Helena. Diez años que Penélope sobrellevó estoicamente, avanzando y retrocediendo en su tejido, con tal de reunirse nuevamente con Odiseo (o Ulises, si prefieren). Dante solo pudo escaparse del noveno círculo del infierno por la intervención oportuna de Beatrice Portimari, su eterna musa. Mary Welsh acompañó a Hemingway, incluso cuando el laureado escritor decidió darse muerte… y en un ámbito mucho más mundano y vulgar, yo mismo confieso estar donde estoy por el solo hecho de amar sin sufragios ni remordimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solo queda suponer que el Dios cristiano, como todas las demás deidades, es muy dado a la ironía y a la retórica enrevesada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nota: A último momento alcanzo a entrever un paralelismo entre la inexistencia del libre albedrío a la hora de amar, y la impertinente necesidad que experimenta el artista por dar rienda suelta al impulso creador que alborota su alma… pero es tarde, y mañana cae lunes. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-9210245158388198692?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/9210245158388198692/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=9210245158388198692&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/9210245158388198692'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/9210245158388198692'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2007/07/libre-albedro.html' title='Libre albedrío'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-5802131570103503879</id><published>2007-07-28T10:15:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T01:30:40.165-08:00</updated><title type='text'>Los colorados también somos gente, señores!</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dk7-Z7Ukx6A/RrTU9PnfjRI/AAAAAAAAAEc/62bBxkre-mc/s1600-h/encabezado.gif"&gt;&lt;/a&gt;Estoy con un amigo, desparramados los dos en un sillón repleto de almohadones. Ya superamos la etapa en la que nos reímos de cualquier cosa. Ya hablamos de mujeres, aprovechando la distancia que nos ampara de nuestras respectivas parejas. Ya repasamos todas las anécdotas de la infancia, contrastándolas con la triste realidad que nos toca vivir. Nos anoticiamos, después de meses de no vernos, acerca de los pormenores circunstanciales del trabajo, la facultad y la vida misma. Pecamos de gula, a conciencia, zampándonos una docena de empanadas de carne cortada a cuchillo y el postrecito dietético que venía con la promoción… solo nos queda dar cuenta de la media docena de cervezas que aguardan su turno en la heladera, y filosofar a boca de jarro.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Hacemos zapping. Mi amigo se inclina por los canales de deportes, atiborrados de fútbol y Juegos Panamericanos. En una de esas se estanca en un programa en el que se debate acaloradamente en torno a la discriminación, y se queda ahí. En el público imperan los gordos, las personas de color, los judíos ortodoxos y las mujeres. Mi amigo sugiere:&lt;br /&gt;- Lo peor que te puede pasar en la vida es ser gordo, negro, judío, mujer, vegetariano, ecologista, desempleado, inmigrante ilegal, madre de varios hijos, fumador e hincha de huracán… todo al mismo tiempo…&lt;br /&gt;- ¡Y encima pelirrojo!- agrego yo a último momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es que hoy por hoy se habla mucho de discriminación en torno a las minorías, de maltrato al extranjero, de segregación étnica y física, de machismo y violencia contra el sexo débil, de abusos laborales, de atentados contra la moral religiosa, y hasta de los derechos subyugados de la radicheta silvestre… ¿y los colorados?.&lt;br /&gt;- ¿Por qué nadie se sulfura en contra de la discriminación contra los que padecemos de rutilismo?- le pregunto a mi amigo, que alza los hombros como si pasara un carro, o como si no tuviera ni la más mínima idea de que todos los pelirrojos presentan variantes en la región MC1R del cromosoma 16.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Y es que estamos hartos, señores!, le digo, mientras enarbolo mi dedo índice. Nos persiguió la Sagrada Inquisición, nomás por ser distintos, y poco más nos extingue. La mitad de Europa nos considera de mala suerte, atendiendo a un mito nórdico que ya suma como mil años de antigüedad, sino más. Somos humillados en publicidades y series de bajo presupuesto, donde se somete a infantes de rojiza cabellera a interpretar personajes que derrochan comicidad por el solo hecho de poseer una pelambre atípica. En las peluquerías las viejas expresan a voz en cuello su envidia malsana por nuestra coloradez natural, que ellas imitan con magros resultados a fuerza de tinturas y menjunjues. Hay regiones del orbe en las que se cree que putear a un colorado es sinónimo de buena fortuna, y no faltan los que pretenden potenciar su suerte pellizcándonos el trasero…&lt;br /&gt;-¡y eso no es nada!- le digo a mi amigo, que empieza a cabecear sin disimulo- ¡tenemos que vivir soportando apodos que llegan a ser tan humillantes como faltos de agudeza!&lt;br /&gt;Y enumero: pimentón, fideos con tuco, crush, fanta, copito de tuco, colibrí, colirio, coloradete, rosa de lejos (colorado de cerca), colín, ¡llamas a mi!, llamarada moe, brasa, zanahoria, oxidado, niño de cobre, ¡colorado el…! (cualquier número que sea rojo en la ruleta), rojo, Rogelio, colorito, remolacha, rabanito, pájaro loco, federal, encarnación, marea roja, etcétera.&lt;br /&gt;Para colmo, la naturaleza misma nos deja de lado. Somos propensos a las pecas, a los trastornos cutáneos como los melanomas o el cáncer de piel, no podemos tomar sol… y el 99,9 por ciento de las pelirrojas son feas a rabiar.&lt;br /&gt;- ¡Nadie repara en el hecho de que Vivaldi, Van Gogh, Cristóbal Colón, Gengis Khan, Eric el Rojo, y tantos otros sujetos que resultaron determinantes a lo largo de la historia fueron colorados!- vocifero sin pudores&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero mi amigo se quedó dormido hace horas. Solo me queda regresar a casa y escupir mi bilis por escrito…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-5802131570103503879?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/5802131570103503879/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=5802131570103503879&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/5802131570103503879'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/5802131570103503879'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2007/07/los-colorados-tambin-somos-gente-seores.html' title='Los colorados también somos gente, señores!'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-7884879906331387738</id><published>2007-07-28T10:14:00.000-07:00</published><updated>2008-09-07T14:05:03.048-07:00</updated><title type='text'>Lo que ellas quieren</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Cada tanto se me pasa de largo el hecho de que &lt;a href="http://elblogdelcolo.blogspot.com/2007/07/los-colorados-tambin-somos-gente-seores.html"&gt;nací pelirrojo&lt;/a&gt;, y me paseo por el mundo como si tal cosa, como cualquier hijo de vecino: saludo a algún comerciante conocido, derrocho agilidad esquivando las juntas de las baldosas, chiflo entre dientes la canción de Almorzando con Mirtha Legrand y me fumo un pucho atrás del otro.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Cada tanto me pasa, además, que alguna mujer que viene caminando por la misma vereda que yo pero a contramano, se queda mirándome. Y todo el mundo sabe que hay pocas cosas que inflamen más el narcisismo de un hombre que una mujer desconocida que le clava la mirada en la calle, porque es como si se invirtieran los roles. Las minas, independientemente de lo lindas o lo feas que sean, siempre van a encontrar a algún infeliz que las descubra atractivas, y que lo demuestre explícitamente sopesándolas con los ojos, recorriéndolas de punta a punta, amarreteando recato y derrochando secreciones bucales. Pero con los tipos es distinto, máxime si uno mide un metro setenta, es medio gordito y camina encorvado con el cigarrillo en la boca, frunciendo el gesto mientras interpreta el clásico de la Chiqui Legrand.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pasa muy cada tanto, repito. Por ahí con un grupito de colegialas en edad de merecer, a veces con señoritas de mas o menos mi edad, o con cuarentonas pulposas con pinta de atorrantas. Incluso me ha tocado se examinado al dedillo por señoras mas bien vetustas, de esas que van al supermercado con la bolsa a rayas, como si todavía estuviéramos en la época del Alfonsín. Siempre, independientemente de la naturaleza de la admiradora de ocasión, enderezo la espalda y ensayo una media sonrisa sin dientes (porque tengo medio amarillento uno de los de adelante), al estilo de los cantores de tangos. Si es en verano meto panza, que sin pullover se me nota más. Y no me importa confesar que no le hago asco a nada, porque no es la libido la que me inspira. Conciente de que ni yo ni la mujer que me observa con un brillo particular en la mirada abrigamos intención alguna de revolcarnos en el yuyal mas cercano, me limito a regocijarme en el regocijo ajeno, ofrezco mi mejor perfil y me hago el interesante, como para alimentar una fantasía que al fin y al cabo es de ella y mía. De ella, porque me gusta pensar que –por alguna cuestión inverosímil- la chica/mina/tipa/vieja acaba de descubrir en un servidor a un sujeto que cuadra exactamente con sus más recónditos esquemas idealistas en materia de hombres perfectos. Mía, porque realmente es todo un placer y un halago que lo miren a uno, que se sabe tan poca cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, justo cuando me acomodo el pelo haciéndome el porno, o cuando me rasco la barba al estilo intelectual, o bien cuando consulto la hora con gesto adusto, simulando transitar una existencia repleta de vicisitudes apasionantes o lucrativas, me acuerdo que nací fatídicamente pelirrojo. Y descubro que en ese brillo de miradas ajenas y a contramano no se esconde el deseo de arrancarme las vestiduras a dentelladas, ni de amarrarme a la cama para cubrir mi humanidad con crema pastelera, ni de susurrarme sonetos subidos de tono en una noche de primavera. ¡No señores!... Lo que ellas piensan, lo que realmente están elucubrando, es si seré ‘todo’ pelirrojo… ¡si serán yeguas!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-7884879906331387738?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/7884879906331387738/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=7884879906331387738&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/7884879906331387738'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/7884879906331387738'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2007/07/lo-que-ellas-quieren.html' title='Lo que ellas quieren'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-6197896046405370681</id><published>2007-07-28T10:13:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T01:30:40.175-08:00</updated><title type='text'>No dejes para mañana lo que puedes hacer pasado mañana</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_dk7-Z7Ukx6A/RrTVMPnfjTI/AAAAAAAAAEs/jeMf_Sx50pM/s1600-h/encabezado.gif"&gt;&lt;/a&gt;No les voy a decir que no la extraño como loco, ni mucho menos. Pero cuando la Pitu se va unos días de vacaciones, a visitar la parentela en el remoto y gélido Chubut, el hedonismo se me sale por los poros. Me regalo con siestas faraónicas, con cenas rebosantes de romero (que a la Pitu no le gusta, así que solo lo uso cuando ella no está), con esos vinos que, de comprarlos en su augusta compañía, encenderían polémicas de toda la noche acerca del manejo del presupuesto doméstico.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Hago pis con la puerta del baño abierta de par en par, uso el repasador como servilleta, limpio lo que se chorreó en el piso con la rejilla de la cocina, tomo del pico de la botella, y me paso todavía más tiempo frente a la computadora, si acaso fuera posible.&lt;br /&gt;Aprovecho para retar a la Neera, para bajarla del sillón, y para darle a probar las porquerías que supuestamente le hacen mal, como manises o sobras de almuerzos.&lt;br /&gt;Fumo como un escuerzo, todavía más que antes. Fumo en la computadora, en el baño, e incluso en el cuarto, donde está terminantemente prohibido hacerlo. Le pongo mucha, pero mucha sal a la comida, aún antes de probar si le hace falta.&lt;br /&gt;A la mañana me mojo todo el pelo en la pileta del baño, para que los del trabajo piensen que me bañé, y me seco con la toalla de manos, empapándola por completo. Por las noches prescindo a conciencia de lavarme los dientes, me despatarro a mis anchas en la cama, y dejo un disco de bossa nova, a buen volumen, girando en modo repeat all.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero lo mejor de todo, es que cuando se va la Pitu surge la figura del ‘futuro Colo’, que es el yo de mañana al que le endilgo la responsabilidad de solucionar los problemas del Colo que soy ahora.&lt;br /&gt;El futuro Colo es que el lava los platos de ayer, el que se encuentra con que la fuente estaba guardada en el horno, toda usada, con una milanesa de vaya a saber cuando. Es el que se va a laburar ojeroso un lunes, porque el Colo que fue se amaneció leyendo o jugando a los videojuegos. Es el que descubre que lo único que quedó en la billetera es el recuerdo de un matambre a la pizza que se salía totalmente de presupuesto. Las olas de frío polar encuentran al futuro Colo batallando con un calefactor que hace cuatro días que aguarda ser reparado. Él es el que descubre una colonia de hongos dentro de un taper en la heladera, una factura de teléfono vencida sobre la mesa, que la perra no tiene alimento y que se acabó la ropa limpia.&lt;br /&gt;El problema es que cada futuro Colo encarna, a su vez, a un Colo presente. Ingresamos, por supuesto, en un círculo vicioso: Ante la imposibilidad de vengarme del que fui ayer, me desquito con el que seré mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El yo de anoche declinó gentilmente la invitación de un amigo de reunirnos a beber y recordar tiempos mejores, decidido como estaba a trasnocharse devorando una novela y paladeando un Malbec de Bodegas Esmeralda. Justo cuando se disponía a recostarse en el sillón (suave música de fondo, almohadones, cenicero al alcance de la mano, bebida idem, cigarrillos idem, libro también) el salame patea la silla que hacía las veces de mesa ratona, desparramando el costoso contenido de la botella en el suelo de cerámicos blancos. Inmediatamente se puso de pié, volvió a calzarse los zapatos, manoteó la campera y salió disparado del departamento, proa al amigo postergado.&lt;br /&gt;Me dejó de regalo una terrible resaca, y una mancha borgoña que no logro erradicar por mas que la refriego. Ya estoy planeando mi contraofensiva: hoy lo invito a mi hermano a comer guiso de mondongo con porotos y garbanzos, y que el Colo que seré mañana se las arregle con la cagadera.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-6197896046405370681?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/6197896046405370681/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=6197896046405370681&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/6197896046405370681'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/6197896046405370681'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2007/07/volver-al-futuro.html' title='No dejes para mañana lo que puedes hacer pasado mañana'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-6948541460574696938</id><published>2007-07-18T17:53:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T01:30:40.182-08:00</updated><title type='text'>Le falta hablar</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_dk7-Z7Ukx6A/RrTVjvnfjUI/AAAAAAAAAE0/NvLAZtjcrRg/s1600-h/encabezado.gif"&gt;&lt;/a&gt;Mi mascota se llama Neera (se lee ‘Nira’), un desacertado error de la naturaleza que conjuga la sangre de Dios sabe cuantas generaciones de perros vagabundos. Mi novia la encontró cuando era pequeña y adorable, que es cuando uno comete la insensatez de adoptar un perro. De esto hace ya dos años, poco más o menos.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Con paso del tiempo y el consumo de toneladas de costosísimo alimento, aquella hermosa cachorrita que arrancaba suspiros a las vecinas que barrían la vereda ha devenido en un cuadrúpedo de proporciones desmedidas, babeante sonrisa y apetito voraz, con el que compito por la posesión del sillón y el amor de la Pitu... siendo derrotado sistemáticamente.&lt;br /&gt;Tuve que hacer acopio de toda mi paciencia para convencerla de abandonar el hábito de comerse mis escasos pares de medias. Soporté con entereza que destrozara todas las plantas, esparciendo el contenido de las macetas tan profusamente que fue difícil decidir si debía barrer el piso proceder a sembrar césped desde el balcón hasta la cocina. Fui un ejemplo de estoicismo cuando la descubrí mascando el sillón, y también cuando me arruinó un par de buenos libros, e incluso en aquella oportunidad en que se morfó las medialunas que olvidé sobre la mesa. Por último, habiendo constatado la imposibilidad de arribar a un acuerdo pacífico de entendimiento, acabé zanjando nuestras discrepancias ideológicas a fuerza de mayúsculas palizas y puteadas a viva voz. (Entre la etapa ‘colo el magnánimo’ y la etapa ‘yo te voy a dar, bicho de mierda’ mediaron escasos siete días).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy puedo vanagloriarme de que mi perra es, dentro del reducido perímetro del departamento, un modelo de obediencia y buena conducta. Va cuando se le dice que vaya, viene cuando se le dice que venga, pide para salir a la calle a vaciar sus esfínteres, avisa cuando tiene hambre y respeta la propiedad privada. Pero se transforma ni bien pisa la vereda, anarquizándose en un menos de lo que un gallo canta. Me arrastra de un lado al otro, frustrando mis intentos por esquivar las deposiciones de sus congéneres, me salta encima, rejunta cuanta porquería se le cruza por delante, ingiere objetos de dudosa procedencia (que mas tarde vomitará en casa), atropella a las viejas que barren la vereda (las mismas que antes le sonreían, pero que ahora se cagan en las patas y la surten a escobazos), y chapotea alegremente en los charcos infestos que bordean la acera.&lt;br /&gt;Solía llevarla a la plaza todas las tardes, siempre que las condiciones climáticas lo permitieran, hasta que la desgraciada se dio cuenta de que una criatura gorda con cuatro patas es mucho más veloz que otra criatura gorda fatalmente bípeda. Durante más de tres horas se dio al goce de verme perseguirla, humillado y sudoroso. Intenté convencerla llamándola con cariño, luego recurrí a la amenaza y al tono perentorio, simulé abandonarla para que me siguiera, la tenté mostrándole el hueco de mi mano y susurrando ‘vení, gordita. Tomá, mirá que rico’. Conciente de que me había convertido en el hazmerreír de todos los viandantes, que seguían mi tragedia con la cínica malicia del que lo mira desde afuera, ya perdidos los estribos y la vergüenza, la perseguí como un poseso por toda la plaza y finalmente conseguí tacklearla y ponerle la correa. Fue cuestión de un segundo: tackle, correa, patada en el culo. Así, velocísimo.&lt;br /&gt;Una de esas viejas que nunca faltan en las plazas salió en auxilio de maldito engendro, al grito de ‘¡no le pegues, no le pegues! ¡Pobre creatorita!’. Pensé en explicarle que era un bicho de mierda, que me tomaba el pelo, que hacía tres horas que yo tendría que estar estudiando en casa, señora, y la desgraciada esta se me raja, todavía que la rejunté de la calle, y le doy de comer, y la baño, y me salió una fortuna todas las vacunas y los antiparasitarios, máxime que me rompió todo y me afana el sillón y me acapara la novia y mancilla nuestra intimidad surgiendo de la nada en la penumbra… pero se me había agotado la diplomacia. Dediqué a la anciana la más sanguinolenta y cejijunta de mis miradas, le sugerí que se hiciera un enema de pedregullo, y me la traje a la Neera puteando a voz en cuello, subrayando cada improperio con un sonoro boleo en el traste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No volví a llevarla a la plaza. Y cada vez que la Pitu dice ‘le falta hablar a esa perra’ me dan ganas de acogotarlas a las dos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-6948541460574696938?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/6948541460574696938/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=6948541460574696938&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/6948541460574696938'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/6948541460574696938'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2007/07/le-falta-hablar.html' title='Le falta hablar'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6880135756163712146.post-629568350386641764</id><published>2007-07-16T12:28:00.000-07:00</published><updated>2008-12-11T01:30:40.193-08:00</updated><title type='text'>Supermercadismo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_dk7-Z7Ukx6A/RrTVq_nfjVI/AAAAAAAAAE8/aG_ere7GzDc/s1600-h/encabezado.gif"&gt;&lt;/a&gt;Nadie escapa a la tentación de sentirse casi un artista frente a sus pequeños logros cotidianos. Se sabe que el arte, en la mayoría de los casos, requiere esmero, paciencia, método y una infinita sucesión de pruebas y errores. Pero estos factores también son determinantes en relación con una inagotable lista de quehaceres que muchas veces se ubican en la antítesis del ejercicio artístico, como la elaboración de inventarios, el barrido mañanero de una vereda o el amoral y poco ético divertimento de escribir el nombre en la nieve de una sola meada.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Y sin embargo, uno no consigue evitar un cierto orgullo de artista autodidacta frente a estos módicos logros, tanto más cuando exigen el perfeccionamiento de técnicas e imponen un constante mejoramiento en los estándares de calidad. Así ocurre que nos encontramos con tipos a los que el pecho se les inflama de orgullo ante la estridencia inusual de sus eructos, o señoras que posan vanidosas –secador en mano- ante un piso recién trapeado. Está el que hace un asado y se siente como si hubiera pintado el Guernica, o el que se pasa todo una tarde acomodando sus libros y al finalizar se hace unos mates y se queda mirando la nueva configuración de la biblioteca del pasillo como si contemplara a su primogénito. Hay orgullos modestos, como cuando vas caminando por la vereda y alcanzás de un salto una rama que estaba alta, con la punta de los dedos. También hay artistas de lo cotidiano que van por más, que apuestan fuerte, y dedican toda su vida a superarse en secreto, lejos de las estridencias de la gloria y el reconocimiento: el que saca punteos de guitarra de oído cada vez más complejos, la que teje pulloveres cada vez más rápido, los que le enseñan trucos al perro, el que se memoriza todas las formaciones de Colón de Santa Fe desde que se fundó el Club hasta el último clausura, la que se deja el pelo largo hasta el culo, los que se internan en un ciber a fin de acumular puntaje en algún video juego, las que de verdad hacen dieta…&lt;br /&gt;Mi papá es un especialista en supermercados. Un Jorge Luis Borges de las góndolas es mi viejo. El Van Gogh de los changuitos, el Ludwig Van Beethoven del dos por uno.&lt;br /&gt;Todos los sábados a la mañana, religiosamente, mi viejo recorre los veintipico de kilómetros que separan Trevelin de Esquel para apersonarse en La Anónima (que viene siendo el Coto, el Disco o el Norte de la patagónia) y hacer lo que mejor sabe hacer: compras. Compras metódicas, minuciosas, milimétricas. Compras perfectas.&lt;br /&gt;Se desenvuelve con elegancia y pericia a través de los pasillos abarrotados de mercadería, iniciando siempre su recorrido por la primer góndola de la derecha, e hilvanando luego todo el supermercado de este a oeste, zigzagueante. Analiza las posibilidades, sopesa los precios, evade las falsas ofertas con la pericia del comprador nato, siempre listo, perpetuamente alerta. Allí donde el resto retrocede desconfiando ante un producto sin precio, mi viejo arremete, se arriesga, e importuna al primer empleado que se le pone a tiro, interrogándolo sin piedad. Las conversaciones fortuitas con conocidos que se le aparecen de sopetón en la sección de lácteos no son suficiente escollo para distraerlo en su misión: pispea sobre el hombro de la mamá de una compañera mía del secundario y logra dar con el yogur más barato, con la manteca light, con la leche entera que cotiza tres centavos por debajo de las mediciones de la semana anterior. Las apariencias no lo engañan, porque él no embolsa el racimo sin probar antes dos o tres uvas, ni deja que le pesen el pan hasta no estrujarlo a conciencia, para ver si está fresco. Su changuito es un modelo de rigor disciplinario, de estructuralismo liberal, de aprovechamiento del espacio y de sistemática clasificación (en los noventa entrenaba jugando al tetris en la family). A la hora de pagar, sabe exactamente en que fila ubicarse. ‘Jamás te formes en una fila donde cobre una mina’ es uno de sus sagrados mandamientos.&lt;br /&gt;Cuando llega a casa presume su obra, con una sonrisa que se le sale de la cara, mientras el resto de la familia distribuye la mercadería adquirida según sus inflexibles disposiciones. Y después, mientras la vieja pone el agua para los ravioles, él se sienta en su sillón y repasa el ticket como si se tratara del manuscrito de su novela inédita. Cada tanto comenta, a toda voz: ‘¡Mirá, Lucila! ¡Mirá que baratas conseguí las arvejas!’.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6880135756163712146-629568350386641764?l=elblogdelcolo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/feeds/629568350386641764/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6880135756163712146&amp;postID=629568350386641764&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/629568350386641764'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6880135756163712146/posts/default/629568350386641764'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elblogdelcolo.blogspot.com/2007/07/supermercadismo_16.html' title='Supermercadismo'/><author><name>colo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13808649687304395909</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
